lunes, 7 de septiembre de 2015

Aliz en el casino






Como era de suponer Aliz invirtió su fin de semana de la mejor manera: saliendo por un poco de diversión al pequeño centro de nuestra ciudad. Ella es una mujer elegante y de muy buen gusto, siempre me comenta sobre “ese casino llamado haword Jay” y de cuanto le gustaría gastarse allí una parte de su sueldo.

La encantadora mesera de spektro no puede resistirse a los casinos. Simplemente la vuelven loca. Y así es como terminó en las maquinas tragamonedas un sábado por la noche.

 Aliz jugaba al juego de las líneas, que tanto agrada a las mujeres. Es una maquina simple pero adictiva y cuando uno le encuentra la vuelta no es extraño salir ganando, para variar.
 Entre fichas y fichas la noche avanzaba y el casino estaba repleto, pero a pesar de esto uno de los encargados de mantenimiento nota que la mujer está teniendo problemas con su maquina.

-Que se ha trabado esta cosa, hombre. Ahora como obtengo el dinero que iba ganando- Le reclama al tipo. Su máquina se había tildado reteniendo más de la mitad de sus créditos.
-No se preocupe, señorita.- le dice él, con aire tranquilizador- estas cosas pasan seguido. Sobre todo los sábados, es como que la máquina se satura. Pero aquí tiene. Todas y cada una de sus fichas. Le recomiendo que se cambie a otra.

El empleado, acostumbrado ya a estos pequeños problemas técnicos le da a Aliz un buen consejo luego de introducir la llave y extraer las fichas que faltaban salir.
-¡Ah! Muchas gracias caballero. Sería tan amable, ahora, de acercarme un trago. Tantos nervios me ponen con sed.
-¿Qué tiene usted sed, señorita? ¡Oh, claro! En seguida le enviaré a uno de nuestros mozos. Espere aquí.- Le contesta el tipo, desconcertado con el extraño acento de Aliz y sus expresiones poco usuales.
El casino Haword Jay es el más lujoso de la provincia, y  es en realidad parte del hotel del mismo nombre. Cinco estrellas y una excelente atención por parte de su personal que demás está decir tiene una excelente presencia.

 Así es que el empleado de mantenimiento habla con uno de los mozos cerca de la barra y le pide que envíe a alguien a tomar el pedido de una señorita que “se está gastando todo el sueldo en las maquinas”. Le comenta además que la mujer va vestida con una camisa lila y una bonita pollera negra. Luego, se la señala con la mirada, muy discretamente. Deciden enviarle a uno de sus mozos más joviales, el señor Albert.

 El señor Albert hablaba con fluidez alemán, francés e inglés, además por supuesto de su lengua madre, el español. La gente que trabaja en el hotel es de todo menos lerda. Era de esperar que vieran en Aliz un potencial increíble dadas sus exóticas maneras y bella sonrisa.
 Por eso aquella noche cuando el señor Albert se le acercó para pedir su orden buscó conversación:

-Muy buena elección, señorita- le dijo- ahora mismo vuelvo con su pedido.
-Gracias- contestó ella, inmersa en su juego.
Al regresar, Albert le extiende el vaso, que había traído en bandeja, al tiempo que le comenta: - Si me permite, no es muy usual por aquí contar con la presencia de una joven de rasgos tan hermosos. Es usted extranjera, ¿verdad?
-Supongo que salta a la vista- dice ella y le ofrece una sonrisa.
-¡Vaya que sí! Espero que esté teniendo unas lindas vacaciones, no olvide visitar nuestros cerros de 7 colores.
-¿Dónde es eso?- quiso saber aliz, deteniendo el juego por un momento.- ¡Ah! No, no estoy de vacaciones, yo vivo aquí.
-¡qué sorpresa! No me gusta ser entrometido, pero ¿puedo preguntarle en que trabaja usted?
-Soy moza, tal como es usted. No eres entrometido, me gusta conversar.
-¡Tanta suerte tendrán en ese restaurant por contar con usted!
-No es restaurante. Trabajo en un bar… spektro-
Al escuchar aquel nombre la mirada de Albert ensombreció. Pues, mucho se rumoreaba sobre ese siniestro lugar. No era un bar que la gente de hoteles cinco estrellas deseara saber demasiado.
-Entiendo.- dijo Albert.- Bueno, si no se lo toma a mal. Veo que usted habla con mucha fluidez el español. ¿Es usted austriaca?¿Húngara, tal vez? No importa, sólo quería proponerle algo, aquí entre los dos.
-Lo segundo. Y claro, dígame- le contestó Aliz.
-Bien, bien. Es usted muy bonita, y aquí en nuestro casino nos seria muy… digo, estaríamos mas que encantados de contar con una mesera tan bien parecida como usted. La gente de por aquí adora a los extranjeros y yo pensé que tal vez…
-¿Me ofrece trabajo? ¿A mí?
-Si, si, eso mismo. Bueno, puede pensárselo. Mis superiores nos autorizan a reclutar personal, si es que, bueno, si es que nos cruzamos con joyas como usted. Mucha gente que gasta plata en el casino en realidad también la necesita. Bastante, si me entiende.
Aliz lanza una risita y contesta:- Si, caballero. Son todos muy observadores por aquí. Tengo que hablarlo con mi patrón pero, ¡guau! ¡Sorpresa! Me gustaría muchísimo trabajar con ustedes. Su barman no deja de mirarme, por cierto. Que atentos.

¿Qué diría el don ahora que aliz había conseguido tal propuesta? ¿Lo estaría traicionando? Aliz era muchas cosas, pero no una traicionera. Sin embargo, Albert siguió tentándola con promesas de un elevadísimo sueldo, y un bonito uniforme. Tal vez así podría volver a su querida patria antes de navidad. ¿Qué sería de sus padres allá en Hungría? Tal vez podría averiguarlo antes de la próxima víspera de año nuevo.

-Tenga esta tarjeta- le dijo Albert, pasándole una tarjetita personal a nombre del gerente del casino.- Este es el numero de Bran, nuestro gerente. Llámelo para pedirle una entrevista. No olvide mencionar mi nombre; Albert. Le garantizo que el no se opondrá y podrá usted empezar lo antes posible. Una cosa más ¿habla usted inglés? ¡Ja! Me lo suponía. Excelente, Señorita… Oh, Aliz, que hermoso nombre. Espero, y hablo en nombre de todo el personal, que sepamos de usted muy pronto.