Como era de suponer Aliz invirtió su fin de semana de la
mejor manera: saliendo por un poco de diversión al pequeño centro de nuestra
ciudad. Ella es una mujer elegante y de muy buen gusto, siempre me comenta
sobre “ese casino llamado haword Jay” y de cuanto le gustaría gastarse allí una
parte de su sueldo.
La encantadora mesera de spektro no puede resistirse a los
casinos. Simplemente la vuelven loca. Y así es como terminó en las maquinas
tragamonedas un sábado por la noche.
Aliz jugaba al juego
de las líneas, que tanto agrada a las mujeres. Es una maquina simple pero
adictiva y cuando uno le encuentra la vuelta no es extraño salir ganando, para
variar.
Entre fichas y fichas
la noche avanzaba y el casino estaba repleto, pero a pesar de esto uno de los
encargados de mantenimiento nota que la mujer está teniendo problemas con su
maquina.
-Que se ha trabado esta cosa, hombre. Ahora como obtengo el
dinero que iba ganando- Le reclama al tipo. Su máquina se había tildado
reteniendo más de la mitad de sus créditos.
-No se preocupe, señorita.- le dice él, con aire
tranquilizador- estas cosas pasan seguido. Sobre todo los sábados, es como que
la máquina se satura. Pero aquí tiene. Todas y cada una de sus fichas. Le
recomiendo que se cambie a otra.
El empleado, acostumbrado ya a estos pequeños problemas
técnicos le da a Aliz un buen consejo luego de introducir la llave y extraer
las fichas que faltaban salir.
-¡Ah! Muchas gracias caballero. Sería tan amable, ahora, de
acercarme un trago. Tantos nervios me ponen con sed.
-¿Qué tiene usted sed, señorita? ¡Oh, claro! En seguida le
enviaré a uno de nuestros mozos. Espere aquí.- Le contesta el tipo,
desconcertado con el extraño acento de Aliz y sus expresiones poco usuales.
El casino Haword Jay es el más lujoso de la provincia,
y es en realidad parte del hotel del
mismo nombre. Cinco estrellas y una excelente atención por parte de su personal
que demás está decir tiene una excelente presencia.
Así es que el
empleado de mantenimiento habla con uno de los mozos cerca de la barra y le
pide que envíe a alguien a tomar el pedido de una señorita que “se está
gastando todo el sueldo en las maquinas”. Le comenta además que la mujer va
vestida con una camisa lila y una bonita pollera negra. Luego, se la señala con
la mirada, muy discretamente. Deciden enviarle a uno de sus mozos más joviales,
el señor Albert.
El señor Albert
hablaba con fluidez alemán, francés e inglés, además por supuesto de su lengua
madre, el español. La gente que trabaja en el hotel es de todo menos lerda. Era
de esperar que vieran en Aliz un potencial increíble dadas sus exóticas maneras
y bella sonrisa.
Por eso aquella noche
cuando el señor Albert se le acercó para pedir su orden buscó conversación:
-Muy buena elección, señorita- le dijo- ahora mismo vuelvo
con su pedido.
-Gracias- contestó ella, inmersa en su juego.
Al regresar, Albert le extiende el vaso, que había traído en
bandeja, al tiempo que le comenta: - Si me permite, no es muy usual por aquí
contar con la presencia de una joven de rasgos tan hermosos. Es usted
extranjera, ¿verdad?
-Supongo que salta a la vista- dice ella y le ofrece una
sonrisa.
-¡Vaya que sí! Espero que esté teniendo unas lindas
vacaciones, no olvide visitar nuestros cerros de 7 colores.
-¿Dónde es eso?- quiso saber aliz, deteniendo el juego por
un momento.- ¡Ah! No, no estoy de vacaciones, yo vivo aquí.
-¡qué sorpresa! No me gusta ser entrometido, pero ¿puedo
preguntarle en que trabaja usted?
-Soy moza, tal como es usted. No eres entrometido, me gusta
conversar.
-¡Tanta suerte tendrán en ese restaurant por contar con
usted!
-No es restaurante. Trabajo en un bar… spektro-
Al escuchar aquel nombre la mirada de Albert ensombreció.
Pues, mucho se rumoreaba sobre ese siniestro lugar. No era un bar que la gente
de hoteles cinco estrellas deseara saber demasiado.
-Entiendo.- dijo Albert.- Bueno, si no se lo toma a mal. Veo
que usted habla con mucha fluidez el español. ¿Es usted austriaca?¿Húngara, tal
vez? No importa, sólo quería proponerle algo, aquí entre los dos.
-Lo segundo. Y claro, dígame- le contestó Aliz.
-Bien, bien. Es usted muy bonita, y aquí en nuestro casino
nos seria muy… digo, estaríamos mas que encantados de contar con una mesera tan
bien parecida como usted. La gente de por aquí adora a los extranjeros y yo
pensé que tal vez…
-¿Me ofrece trabajo? ¿A mí?
-Si, si, eso mismo. Bueno, puede pensárselo. Mis superiores
nos autorizan a reclutar personal, si es que, bueno, si es que nos cruzamos con
joyas como usted. Mucha gente que gasta plata en el casino en realidad también
la necesita. Bastante, si me entiende.
Aliz lanza una risita y contesta:- Si, caballero. Son todos
muy observadores por aquí. Tengo que hablarlo con mi patrón pero, ¡guau!
¡Sorpresa! Me gustaría muchísimo trabajar con ustedes. Su barman no deja de
mirarme, por cierto. Que atentos.
¿Qué diría el don ahora que aliz había conseguido tal
propuesta? ¿Lo estaría traicionando? Aliz era muchas cosas, pero no una
traicionera. Sin embargo, Albert siguió tentándola con promesas de un
elevadísimo sueldo, y un bonito uniforme. Tal vez así podría volver a su
querida patria antes de navidad. ¿Qué sería de sus padres allá en Hungría? Tal
vez podría averiguarlo antes de la próxima víspera de año nuevo.
-Tenga esta tarjeta- le dijo Albert, pasándole una tarjetita
personal a nombre del gerente del casino.- Este es el numero de Bran, nuestro
gerente. Llámelo para pedirle una entrevista. No olvide mencionar mi nombre;
Albert. Le garantizo que el no se opondrá y podrá usted empezar lo antes
posible. Una cosa más ¿habla usted inglés? ¡Ja! Me lo suponía. Excelente,
Señorita… Oh, Aliz, que hermoso nombre. Espero, y hablo en nombre de todo el
personal, que sepamos de usted muy pronto.













