Espectros,
de lugares antiguos.
Espectro,
dejarás el lugar llevándote contigo mi juicio.
Les temo,
¿Por qué a mirarlos a la cara no me animo?
Les temo.
Chak decide que es una bonita noche para dar
un paseo. Lloverá, tal vez, por la madrugada. Pero para entonces ya estará de
regreso. Ya debería estar de regreso.
Eran más de las once
y, mientras Chak caminaba por la avenida, podía ver a las nubes agruparse en el
cielo y disputar con el viento si era hora o no de limpiar el barrio. Apuró el
paso, al cabo de un rato llegó a la rotonda donde el barrio termina para dejar
paso al siguiente, y a su izquierda, el puente invitaba a continuar caminando
hasta llegar al centro de la ciudad, por sobre un río de turbias aguas aunque
en sus días de calma. Él muchacho se dijo que no, que otra vez será. Dio vuelta
a la rotonda y mientras emprendía el regreso a casa se preguntó, como siempre
que frente a las casas deshabitadas pasaba; ¿quién vivirá allí? Pregunta que lo
martirizó toda su infancia y adolescencia. Jamás había visto a alguien entrar o
salir de estas.
Las casas en
cuestión eran dos, estaban una al lado de la otra sobre la avenida a unos 200
metros de la rotonda. Aquella parte del
barrio siempre fue siniestra. Su abuelo le había contado que cuando tenía más o
menos su edad, la gente solía hablar de un cura sin cabeza yendo y viniendo a
lo ancho de la avenida, de vereda a vereda.
A la mierda, entremos.
Saltó el muro de
bloques para caer en un patio baldío no demasiado grande. Había un karting como
el que tenía su abuela en el cantero de su casa y que había pertenecido a uno
de sus primos.
-No creo que alguien pueda vivir aquí, está lleno de basura.
Que raro que no haya cirujas- Se dijo, y pensó, además, que de alguna manera
ver las dos casitas, construidas por debajo del nivel de la vereda, en aquel
estado tan deplorable y espeluznante,
había alimentado morbosamente su curiosidad. Después de todo no se lo pensó
demasiado antes de saltar el muro de uno de los laterales de la casa para
entrar a husmear, como tampoco hizo al abrir la puerta trasera que lo llevaría
al interior.
Sórdido e inhóspito, así era el ambiente de la primera de
las dos casas. Chak dió con una habitación con una mesa ratona antigua, la capa
de polvo se veía bastante espesa, y en efecto lo comprobó al pasarle su huesudo
dedo. Las sillas alrededor eran de madera con el asiento forrado en cuero de
vaca. -Como las que hay en casa de la abuela- Pensó- de seguro era la moda,
entre la gente humilde. No, no hay tal cosa como “moda” entre la gente humilde,
no que yo recuerde. Uno vive con lo que puede y como puede- Levantó la vista
hacía la pared que tenía en frente…
En esta había
pinturas, que no llegaba a ver bien entre tanta oscuridad y la mala iluminación
que ofrecían la pequeña ventana sin los cristales por encima de esta. ¿Sin los
cristales? Já, era simplemente la escasez de dinero, una vez más, imponiendo su
insalubre moda.
Chak se acercó y
culpó a su falta de sueño, al viento por no librar a la luna de la prisión que
le suponían las nubes, y a la estúpida “ventana” por la que poco y nada entraba
la tenue luz de luna que lograba penetrar las nubes aquella noche de solitaria
caminata. Pues, Chak no podía creer lo que veía; las pinturas a medio terminar
en la pared eran lo más desagradable que había visto en su vida ¡Y eso que era
un joven que disfrutaba con el gore en las películas de terror!
Gatos mutilados colgados
de las patas y personas siendo torturadas de las formas más crueles. Un anciano
en silla de ruedas con una enana practicándole sexo oral. O eso fue lo que el
muchacho se convenció de que la pequeña personita de largos cabellos era, y no
una niñita.
Pero la más curiosa de las pinturas, al
menos de lo que lograba divisar, era un hombre con un largo tapado marrón. Este
estaba tendido sobre el suelo con el cuerpo algo contorsionado. A un lado, se
veía una mujer con el torso desnudo y alzando un machete…
Se oyó el rechinar de una puerta cercana a la entrada de la
casa que daba a la avenida. Entonces, sentirías un escalofrío recorrer tu
espina dorsal y abrirías los ojos como un búho si hubieses estado en los
zapatos de Chak aquella noche, una noche de solitaria caminata.
-La curiosidad es una
perra- Se decía mientras caminaba hacía el lugar de donde había venido el ruido
-Tal vez, me tope con uno de esos gatos sin huevos que están
pintados en la pared-
Se le dibujó una sonrisa a medias en el rostro, pateo, sin
darse cuenta, una piedra que estaba en el suelo, y era bastante redonda. Al
tiempo que avanzaba hizo un gran esfuerzo por escuchar algún otro ruido.
–Uno nunca sabe, podría haber un borracho acurrucado con su
sarnoso y fiel compañero, como ese tipo gordito de las historietas del diario.-
Entonces un
acojonante sollozo llegó desde adentro de la habitación. Chak vaciló por un
momento. Pero las putas dominan la vida de muchos hombres, con su manera de
cogerte y demás recursos. Y la curiosidad, puta que trabajaba en el prostíbulo que
existía en la metrópolis que era su cerebro, gobernada por la imaginación, era su
favorita.
De pie en el marco de
la puerta y con un nudo en la garganta, Chak se encontró con una mujer que
llevaba el torso desnudo –Cómo en la pintura- pensó. Ella le dijo entre
sollozos: -Yo no se que me paso, no quise hacerlo… él me violó- Dejó caer el
machete en su mano derecha y mientras se cubría el rostro antes de romper a
llorar la mujer se desvaneció entre el polvo.
La habitación se vió
iluminada de repente por las llamas azules de un fuego que se encendió en el
suelo, a un rincón de la misma. Y como en una de esas grotescas películas
italianas, dejadas de lado por la mayoría debido a sus escenas desagradables e
increíblemente realistas, Chak vió entre el celeste humo una secuencia de
escenas que nacían desde las llamas y se proyectaban por encima de estas.
>> La mujer estaba mojando los pies en las aguas del
río, el pasto y los árboles estaban más altos que nunca. Entonces, un pequeño
hombre envuelto en un manto marrón oscuro entró en escena. Portaba un machete
que levantó al tiempo que parecía decir algo para llamar la atención de la
chica.
La transmisión, que entre humo y llamas
tenía lugar, se cortó…
Volvió a iniciarse al instante, en una
escena muy repulsiva; Ahora la mujer estaba tendida en el suelo semi desnuda y
con los ojos vidriosos, a punto de rebalsar. El hombre, con su manta levantada
y frunciendo las nalgas en cada envestida, estaba abusando de ella.
La transmisión de la película volvió a
dar un salto inesperado: El hombre parecía terminar por fin. Y tenderse agotado
en el suelo junto a la muchacha, sin abandonar jamás su machete. La mujer rodó
inesperadamente hacia el otro costado con gran agilidad y desesperación, cuando
el viejo logro incorporarse ella ya estaba de pie frente a el con dos grandes
piedras en cada mano.
Chak vió como la
película cambiaba de escena por última vez: Ella se colocaba los pantalones y
las alpargatas, mientras el viejo se retorcía en el pasto con la cabeza
ensangrentada. Ella toma el machete y lo eleva al cielo para dejarlo caer sobre
el cuello del degenerado. Falló, el machete se hunde secamente en la espalda de
tipo. Pero decide intentar nuevamente y, luego de tomarse unos segundos para
apuntar mejor, su brazo desciende con una furia de mil demonios y en ese
instante la película de corta…
Chak siente una presencia a sus espaldas ¡Agachate, hombre!
Demasiado tarde…
Ella levanta la cabeza de nuestro ahora
decapitado Chak y la coloca en un estante. Es sólo una más para su colección.