miércoles, 17 de diciembre de 2014

Dada-da



 Agarre un periódico. Tome unas tijeras. Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema. Recorte el artículo. Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa. Agite suavemente. Ahora saque cada recorte uno tras otro. Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa. El poema se parecerá a usted. Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante aunque incomprendida del vulgo.

-Tristán Tzara 




  Una tarde decidí armar un poema dadaista. Mi vanguardia favorita, junto con el surrealismo. Era un lluvioso Miércoles de primavera obligándome a permanecer en casa. He aquí el resultado...



Imparable acostumbrado

ejecuta expeditivos descubrirá policía
que peligrosa tomar trabajo aunque último
organización ataque contemplaciones dispuesto
máquina obligado acabar para métodos arma

pronto de venganza matar Bobo colaborar
con Jimmy a en sicario su implacable
duro Nueva Jimmy es con parte eficaz
Un Taylor un sufre una sin se

a detective por de verá perado tan
Jimmy de no su esta más la que de

                                        -es a un el a








lunes, 8 de diciembre de 2014

Un Domingo por la Tarde



 Es Domingo por la tarde, a veces Ludwig viene a tomarse unos matecitos conmigo. Él trae las tortillas y yo procuro mantener el termo lleno de agua. Mientras lo espero, me siento en la vereda, sobre la esquina de mi bar. El día esta gris como las cenizas debajo de tu parrilla después del clásico asado del domingo. Eso si tienes dinero para comer asado de vez en cuando.
 De un momento a otro, me encuentro repasando mentalmente la lista de temas que tocaron anoche Fabri y su banda. Ah! “Wine in the afternoon”. Una bonita canción que recomiendo a todos los enamorados.

 [De un momento a otro].

 Recuerdo el día que Fabri y su banda vinieron a buscarme al bar. Vivo aquí mismo, por si te lo estás preguntando. Detrás de la barra hay una puerta, y esta da a una habitación que mis ganancias me han permitido adornar bastante bien.
 Aquel día el sol se esforzaba por romper radiante sobre las nubes, pero estaba parcialmente nublado. Entonces, alguien tocó la puerta y yo salí a atender.

- Hola, don. ¿Usted es el dueño del bar, no?
- Si, ¿que andan buscando?
- Esta es mi banda- dijo señalando a los pibes detrás suyo, uno de ellos seguía bajando la batería de detrás de la camioneta en la que habían venido. Los otros dos estaban parados sonriéndome, con sus guitarras al hombro- Nos gustaría saber si podemos tocar en su bar algún día de estos…
- ¡Pero por supuesto!- Le contesté y añadí la pregunta del millón- ¿qué música hacen, che?
- Rock. Lo clásico. Todo lo que alguna vez fue bueno- yo me hice el despistado, le puse una cara que pedía ser más específico. El añadió: - Riff, Manal, los redondos, Soda. También tenemos internacional; sabbath, maiden, ac dc… De todo, don.
- ¿Franz Ferdinand?
- ¿Cómo?

 Una banda relativamente nueva. O tal vez yo estoy poniéndome viejo. Les aclaré que Franz era una banda muy copada y que deberían hacer covers de ellos y, ¿por qué no? otras bandas más actuales. Si querés que un negocio camine tenes que estar dispuesto a complacer a la gente, y yo estaba dispuesto a darles algo más actual. Muy a pesar de mis propios gustos musicales. Franz por otro lado era la excepción. Y estaba de moda.

 Los invité a pasar y ellos desfilaron para adentro con las ansias de un muchacho que corre a quitarse los zapatos para entrar a jugar a un pelotero. En seguida tuvieron todo listo para empezar. Habían enchufado los amplificadores y afinado sus guitarras. Entonces encendí la rocola.

- La cosa es sencilla, mi bar está creciendo. Gano bastante bien. Si quieren tocar aquí tienen que saber entretener a la clientela. Aquí viene gente muy especial, muchachos. Aquí el aire es más pesado.- Seleccioné Take me out y le dí al botón de reproducir añadiendo:- Escucharán este tema sólo una vez. Y lo van a tocar apenas termine. Si suenan bien, tienen mi palabra de que trabajaremos juntos por un largo tiempo.

 Empieza a sonar la intro de take me out. Un downstroke en mi5. Cierro los ojos y me hundo en la melodía. Me dejo llevar. Alex comienza a cantar y a pesar de no estar viendo el videoclip todos en el bar nos damos cuenta de la genial actuación del tipo y su buena predisposición para con el público (y es que el estado anímico de las personas es más fácil de escrutar cuando solamente escuchamos la voz, como cuando hablamos por teléfono). Esta banda si que sabe moverse en el escenario.
 ¡Aquí viene el coro! Es cuando entreabro los ojos para encontrarme ante cuatro jóvenes que escuchan atentamente hasta el más minúsculo detalle de la canción. Supe que era pan comido para ellos. Fabri, por su parte, no quiere saber nada de seguir escuchándola. La odia y no se molesta en demostrar lo contrario.
Me paré para encender el televisor y ponerles la canción en el karaoke, así podían seguir las letras. Pero eso sí, nada de sonido.
 Antes de que la canción termine, los cuatro están listos para empezar inmediatamente. Fabri toma su bajo blanco de cuatro cuerdas y alza la voz dirigiéndose a su banda:- Bueno, loco, más fácil imposible. Listos, eh? ¡1, 2, 3 ,4!
 El guitarrista empieza a tocar la intro y al segundo se suma el baterista y fabri. El cantante entra unos segundos después, un poco a destiempo. Pero totalmente perdonado. El muchacho tiene un acento muy particular al cantar en inglés. Me acerco a la consola para aumentar el volumen de su micrófono. Uno de estos días los vecinos van a denunciarme a la policía.

  A la semana siguiente, están sobre el escenario. Fabri se dirije al público diciendo: -Bueno, loco. Este es el último tema de la noche. Nosotros somos “Lobizones” y esta canción se llama take me out. ¡Buenas noches!- Y comienzan a tocar la canción que con el tiempo se volvió un clásico en spektro, está vez perfectamente sincronizados…



 La paga es buena, el público es cálido, ¿qué más pueden pedir estos “lobizones”?. Spektro suspende la noche de karaoke por una actuación en vivo. Fabri sacude su bajo. Los amplificadores disparan acordes de 5ta. El cantante llama la atención de brem y roy, que cantan a la par. Todos en el bar nos vamos aprendiendo la letra. Y Spektro grita: I say: don’t you know/ you say: you dont show/ don’t move, time’s slow/ … take me out!

Lobizones, sólo en Spektro karaoke resto bar.
 Fabri me discute que: “Franz es una banda de mierda, pero que suena bien. Y eso es lo que vende en estos días.” Yo sonrío y le pago lo acordado. Lobizones tiene ese “no se qué” que los hace especiales.



martes, 25 de noviembre de 2014

Ludwig y sus poemas



 Un viernes por la noche llovió sobremanera. Por ende la clientela escaseó. Aunque sólo de clientes casuales. Porque los de siempre no tardarían en llegar. Nunca fallan.

 Ludwig había venido temprano ese viernes. Se sentó a la barra y compartimos una cerveza. Mientras bebíamos (siempre a tu salud, querido lector) nos hacíamos las preguntas que ya eran comunes en nuestras conversaciones; ¿qué libro has leído esta semana? ¿has escrito algo nuevo? ¿has tenido alguna cita? ¿cómo va el trabajo?.

 Ludwig es un poeta aficionado. Me contó que una vez lo llamaron Romeo barato, yo me reí. Él es muy sensible, por eso en seguida cambié de tema.
- ¿Qué te parece si contrato al servicio de internet? Así tenemos wi fi en el bar.
- No estaría nada mal. De esa manera podrías abrir un café por la tarde.
- ¡Excelente idea, Ludwig! Siempre quise mi propio café. ¿Vos trabajaste de mozo en tu adolescencia, verdad? Podrías venir a atender el café por las tardes. ¿Qué tal marchan los estudios?- Ludwig está a punto de graduarse.
- Todo marcha de diez, gracias por preguntar. Y sí, sabés que me vendría genial un trabajo los fines de semana.

 En ese instante, entró una mujer al bar. Cerró su sombrilla y miró hacia las mesas, todas vacías. Para mi sorpresa esto pareció alegrarla más que decepcionarla. Se sentó junto a Ludwig y yo le pregunté que iba a tomar, mientras le echaba una mirada a lo que traía puesto; llevaba una campera de jean desgastada y unos pantalones vaqueros. Combinaban bien con su cabello castaño y sus ojos cafés. Tenía el cabello corto y ligeramente ondulado. Sus zapatillas de gamuza estaban embarradas.

- Buenas noches. Me gustaría tomar un vaso de gancia con sprite.
- Al instante, señorita- le conteste, al tiempo que miraba de reojo a Ludwig. Por la expresión de su rostro supe que se estaba enamorando. Tal vez el fin de semana próximo vendría con un nuevo poema. Olvidé mencionar lo ingenuo y enamoradizo que es este muchacho.




 La noche que lo conocí estaba algo deprimido. Caminaba por las calles desamparado cuando hoyó el solo de “Crazy train” flotando en el aire. Provenía de mi bar. El cartel rezaba: “Esta noche Karaoke metalero”. Decidió entrar y tomarse unos tragos.
 Ese día llevaba puesta su campera negra impermeable y debajo una remera beige toda lisa. Sus jeans eran de esos que usan los skaters, y sus zapatillas tenían varios agujeritos en la punta.
 Eran alrededor de las 2:00 a.m. y Brem había cedido el escenario a regañadientes a los clientes casuales. Que por cierto cantaron la lista entera del karaoke una y otra vez, pues no habían muchas canciones que digamos. Personalmente, amé la voz de uno de los clientes que se animó a cantar: the trooper. Y estoy seguro de que Ludwig también. Me acuerdo que aplaudió bastante. El resto de las personas estallaron en silbidos y pataleos. Fue algo genial.

  Cuando Ludwig entró por la puerta aquella noche y se sentó en la barra de espaldas a mi. Las demás mesas estaban todas llenas. Roy estaba entretenido escuchando a la gente cantar y jugando con una moneda. Me acerqué a Ludwig para preguntarle que iba a querer. El pidió una cerveza y después sacó un lápiz y una libretita. Mientras escuchaba una tras otra a las personas que iban subiendo al escenario, él iba escribiendo. De a ratos prestaba atención a la música y el meollo. Al momento siguiente parecía completamente hundido en sus pensamientos.

 Como a los 30 minutos lo vi alzar la vista y suspirar como lo hace un estudiante luego de terminar una larga monografía. Había estado concentrado en sus escritos pero de alguna forma seguía atento a lo que ocurría a su alrededor. Me hizo llamar, y luego de arrancar la hoja me la obsequió diciendo: “quid pro quo, como diría el doctor Hannibal. Gracias por la cerveza, definitivamente voy  a volver una de estas noches.”
 Se levantó del asiento junto a la barra y se marchó. Yo leí el papel que me había dado (estaba doblado a la mitad y en medio tenía un billete). El papel decía así:

Somos refugiados de guerra,
de andar solos por la vida
Tiempo es de encontrar una compañera
Pero antes, una última copa he de tomar

Afuera la soledad nos acecha
esperando con cualquiera irse a dormir.
aquí adentro todo el mundo aplaude,
olvidando por unas horas su amenaza.

Cigarros, música y cerveza
mientras el humo nos abraza
spektro manifiesta su emoción
spektro de madrugada nos salva


 Aún conservo aquel papel. Enmarcado y colgado en una de las paredes del bar.

>> Ludwig saca una libretita del bolsillo, se la enseña a la mujer. Ella lo lee y se conmueve. Él la invita a leer un poco más. Entonces, los dos se alejan de la barra. Ahora charlan en una mesa de la esquina. Rojas chispas amenazan iniciar un fuego en los ojos de mi amigo.
 La lluvia se detiene, al fin.

 Ludwig.

 Quieres volver a enamorarte. Ven a tomarte una copa a mi bar. Cántanos una de tus canciones favoritas en el escenario.


                                                                                                                                                                      Anímate.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Los Ratas y Roy



 Es sábado por la noche en el Spektro karaoke resto bar. Mi bar. Son las 3:20 a.m. Ya están todas las mesas ocupadas. Los contemplo desde la barra, y pienso que sería de mi sin estas personas.    Pero no te acostumbres tan rápido a estos habituales rostros, porque en el momento menos esperado aparece alguien nuevo.

 Es sábado por la noche en el Spektro; Roy saldrá en unos minutos a buscar pasajeros a la salida de los boliches (los fines de semana es cuando más se gana como taxista), Fabri y su banda están tocando ahora mismo uno de mis temas preferidos de Franz Ferdinand. Oh, si, una noche de rock alternativo. ¡Si supieras lo que me costó convencerlo de hacer covers de los Franz! Ludwig, mi buen amigo, dice que está terminando un poema titulado: “ella y la luna”. Es un tipo tierno, de ojos tristes y pícara sonrisa, según algunas chicas. Es un escritor aficionado, al igual que yo.
 Brem y sus amigas se marcharon hace un rato. Un musulmán, alto y delgado, acaba de entrar. Me saluda levantando las cejas y enfila para la mesa de Ludwig. Amro, el musulmán flaco y alto, es muy amigo de Ludwig. Creo que va a interrumpirlo y tendrá que terminar su poema mañana por la mañana, con toda la resaca encima. Bah, si Ludwig no es de tomar demasiado. Excepto por aquella vez… Puede que te lo cuente la próxima. No sé si dar a conocer esta anécdota sea de su agrado. Ludwig es un tipo bastante sensible. He de consultarle primero.

 Roy esta sentado en el asiento más alejado de la barra. De un momento a otro, se para y me hace un rápido gesto con la mano. Como diciendo: Nos vemos el próximo finde. Miro al resto de los clientes, todos casuales. Gente que acaba de descubrir Spektro. Como Roy hace un par de meses atrás. Y como Roy, estos clientes casuales se convertirán en habituales. Ojalá…




 >> -Bueno, verá. Todos los taxistas llevamos un arma blanca o un palo en el auto. Nunca se sabe cuando vas a toparte con unos crápulas como los que hoy me vine a encontrar- Me contaba Roy la noche que llegó a mi bar. Después de terminar el segundo vaso y de que Brem y sus amigas terminaran de sacar la basura (los 4 chicos iracundos que acababan de golpear).
 - Uno nunca sabe, en efecto, amigo- Le respondí, intentando limitarme a escuchar, como se supone que un cantinero debe de hacer.
- Momento, sírvame otro vaso, por favor- Yo obedecí, encogiéndome de hombros. Su mirada prometía que este sería el último- Gracias. Cómo iba diciendo, hace un par de horas lleve unos chicos para Sargento Keibral. Eran tres, de entre 24 y 29 años- Roy aparentaba 30, pero el fin de semana pasado me confesó que tiene 35 recién cumplidos.
- Jóvenes, en efecto, amigo- respondí, continuando con mi papel de fiel oyente.
- Si, y bastante hijos de puta…- Dijo, casi gritando, al tiempo que se tocaba el parche que tenía en la nariz. Un tanto rojo. Necesitaba que le aplicaran alguna clase de crema o no tardaría en volver a sangrar.
- Bueno, tal como acabamos de ver, la juventud viene barranca abajo- opiné.
- Verá, acabábamos de pasar la subida, y giré a la derecha, adentrándome en Sargento Keibral. Subí por la calle principal, mas o menos unas 3 cuadras y media. Bastante cerca del fondo. Me detengo en una esquina y paro el contador. Y a que no sabe ¿qué?
- Usted, dirá, Roy. Ni idea- contesté, comprimiendo mis oraciones. Pretendiendo sonar intrigado.
- Los pendejos hijos de su putísima madre intentaron salir corriendo. ¡Querían irse sin pagar!
- ¡Uh! ¿Y que hiciste vos?- esta vez mi voz no necesito fingir intriga.
- Me di la vuelta rápido. ¡Y agarré a uno por los pelos!
- ¡Eso! ¿Pero y los otros?
- Siguieron corriendo, o al menos eso me hicieron creer. Pero a este que tenía agarrado de las mechas lo tironee hacia el asiento de adelante, porque él venía sentado detrás del asiento del conductor. Le asenté unas buenas piñas en la boca y pera. Después lo baje del auto. Se había desmayado. Acababa de dejarlo tirado en medio de la calle cuando me llegó una pedrada por la espalda…
- ¡Dios! ¿Eran los otros dos, verdad, Roy?- Pregunté. Mierda, ahora sí que mi intriga no era fingida.
- Sólo uno, el otro debe de seguir corriendo- bromeó él.
- Bueno, ¿y qué pasó entonces?
- El dolor me hizo doblegarme y me aferré a la puerta, que estaba abierta, para no caer al suelo. ¡Pensé que iba a molerme a pedradas! No podía pararme. Llegó corriendo, sin piedras, para mi fortuna. Pero cuando quise incorporarme y meterme de nuevo en mi nave ¡zac! El infeliz me asesta un puntapié, duro y limpio en la nariz. Ya ve como quedé.
- ¡Por Júpiter! ¡Que hasta me parece sentir el dolor que debe de haber sentido usted en ese momento!- Roy me miró un tanto extrañado. Mi estúpida expresión le pareció que no lo estaba tomando en serio. Pero continuó.
-  Cómo sea, yo le grite: “¡No, pará!” Antes de que me pateara, pero ver a su amigo en el suelo debe haberlo llenado de rabia. Después de recibir esa patada caí hacia atrás, entre la puerta abierta y los pedales de mi coche. Y fue entonces cuando recordé. Mi machete.
-  ¿Qué?
- Mi machete estaba debajo del asiento del conductor.

 Roy me contó con lujo de detalles lo que pasó a continuación esa noche. Podría ponerme bastante gráfico. Creo que lo haré:
 Según me contó, cuando el pibe trató de golpearlo otra vez, Roy metió su mano por debajo del asiento y  la extrajo con un rápido movimiento de muñeca, esta vez empuñando el machete. Justo a tiempo para cortarle la camisa y algo más a su agresor. ¡Y es que por tan poco se salvó de no ser rebanado a la mitad!
 El chico se había frenado justo a tiempo, o no tanto. Tras ese desesperado contraataque de Roy, él muchacho dio unos pasos atrás. Se miró la camisa rasgada por debajo del ombligo. Se tocó el estomago, como verificando que aun seguía en una sola pieza. Mientras tanto, Roy extendía su mano, imponiendo distancia entre el todavía shockeado muchacho y él.

- Hacete para atrás, ¡dale! ¡Para atrás, pendejo!

 El chico no contestó nada. Una delgada línea de sangre apareció en su estómago. Roy estaba casi de pié. De pronto, él pibe gira sobre sus talones y corre hacia un montón de escombros. ¡Buscaba más munición el hijo de puta!

 El Taxista deja caer el machete al suelo. Temblando de dolor y miedo se sienta al volante. Enciende el motor y pone reversa. ¡Rápido, Roy! Una piedra impacta contra el parabrisas, ¡y otra! El tachero intenta girar el auto 180°. Pero lo consigue de manera muy torpe y lenta, nada es nunca como en las películas.
 Y recibiendo una última pedrada en el vidrio de atrás logra escapar.

 Roy.

 Así fue como el taxista, luego de aplicarse el mismo una venda, vino a parar al Spektro karaoke resto bar. Él necesitaba una cerveza. Y alguien dispuesto a escuchar. Yo. Su servidor. Mi nombre no es importante. Lo que importa es que hayas llegado a mi karaoke resto bar.

 Ludwig sigue riendo y charlando con Amro. El musulmán le comenta algo y Ludwig se sorprende. Después, le da unas palmadas en el hombro, como felicitándolo. Yo los observo sabiendo que en algún momento mi poeta favorito me contará de qué charlaban. Me sirvo un vaso de vodka con red bull y mucho hielo. ¡A tu salud! Ya va siendo hora de cerrar. No dejes de venir el próximo fin de semana. Buenas noches, querido lector casual.

viernes, 7 de noviembre de 2014

La Inauguración



 Las tres últimas noches estuvieron muy calurosas. Especiales para “birrear” como les gusta decir a mis amigos del bar. Ellos jamás se pierden una fin de semana en “Spektro”. Viernes, Sábados (y Domingos, para los mejores clientes) Spektro abre sus puertas e invita a los más solitarios y extravagantes personajes a tomarse un trago en mi humilde mesón. Aquí la diversión jamás tarda en llegar…





 Recuerdo inauguramos el bar y a las pocas noches instalamos el karaoke, desde entonces el lugar ha estado bastante lleno. También, recuerdo que esa noche empezaron a llegar más chicas (chicas bonitas, con dinero para gastar, no mochileras que “trabajan” en los semáforos haciendo malabares o escupiendo fuego). A eso de las 11:30 abrí las puertas. Y entre las 12:40 a.m. y las 1 llegó Roy…

 Roy maneja un taxi, lo que aquí llamamos remís. Los taxistas, sabrás bien, siempre tienen anécdotas con las cuales llenar esas primeras horas de la noche en las que el bar está vacío y esperamos impacientes a las niñas. Entre jarros de cerveza y nubes de humo.

 Él es un tipo tranquilo, como fui descubriendo con el correr de los días (cuando no se lo molesta ¿no somos así todos, acaso?). Sin embargo, esa noche estuvo agitada.

 Había un par de niñas cantando en el escenario. Sus aullidos despertaron a los vecinos, y al mismo tiempo atrajeron a jóvenes precoces de personalidades estúpidas, muy irascibles. Más de uno sería menor de edad aquella noche. Mientras escribía el poema a mi flor (“Tengo una flor”), entraron los muchachos en cuestión. Uno detrás de otro pasaron por la puerta y sus rostros fueron poniéndose rojos y de a ratos azules, por efecto de los juegos de luces. Que en realidad, estaban averiadas y necesitaban un arreglo lo antes posible. En fin, eso le da un toque característico al lugar… Al igual que sus clientes. Al igual que Roy, que entró a los pocos minutos con un parche en la nariz y el rostro mojado, no estoy seguro si era sudor solamente o agua. 

 Oh, estas chicas. Se embriagaron muy rápidamente. Y mientras estaban arriba del pequeño escenario fueron quedándose sin aliento para cantar. Fue entonces cuando comenzaron a contorsionar sus cuerpos de manera muy provocativa. La cosa se ponía buena. Los mocosos se ponían inquietos. Roy se sentó en la barra.

 ¡Mierda, estas chicas! El alcohol las traicionó, o yo que sé. Soy relativamente nuevo en esto de atender un bar. Desde mi punto de vista, el alcohol comenzaba a tomar decisiones por ellas. Se quitaban las remeras y yo ya no pude concentrarme en mi poema. Fue entonces cuando uno de los chicos (que se habían sentado en la mesa mas cercana al escenario, naturalmente) se levantó y estiró la mano para tantear los pechos de una de las niñas. No sé si ella no lo vió venir o se dejó tocar a propósito, quien sabe. Tendríamos que esperar unos años hasta que yo ganase un poco más de cancha (práctica) en el negocio para saber decirte lo que en verdad ocurrió.

 Ahora sí que Roy prestaba atención, pues antes del asalto de esa mano traviesa a las tetas de la muchacha él no había mirado ni de reojo siquiera al escenario. Pero ahora las ofendidas niñas insultaban y largaban patadas al “manos traviesas”. Los que todavía estaban sentados se pusieron de pie como resortes. ¿Quién lo diría? Ellos se levantaron con toda la intención de calmar las aguas. Pero uno no se mete con Brem, nuestra campeona femenina de boxeo amateur a todo lo largo y ancho del norte de Argentina. Si, señor.

 Aunque aquella noche de inauguración ninguno la conocíamos. Ahora ella y sus compañeras son  una de nuestras atracciones principales. ¡Si vieras esas piernas! ¡Esa cintura en acción! Esa carita tan tierna.

 Uno, dos. Puñetazos directos y el primer hombre al suelo. Tres, cuatro, paso atrás, cinco seis y los muchachos van apilándose y manchando mi impecable suelo con la sangre de sus labios. Un gancho al hígado al más grandote. ¡Y después un uppercut!

 Vuelan un par de vasos, un par de botellas, el líquido provoca un corto circuito en uno de mis parlantes. ¡La puta madre! Pero este espectáculo lo vale, pensé…
 Brem y sus amigas fueron sacando para afuera a los inconscientes muchachos. Los arrastran de las piernas, como si de cadáveres se tratase. 
 -Vuelvan pronto- me limité a decirles. Sin rencores, todo sea por pasar un rato divertido. Miro a Roy, entonces nuestros ojos se encuentran:

- Bonita pelea, ¿Eh, amigo?
- De esas que ya no se ven. Deme un vaso de cerveza, por favor.
- Claro, amigo. Aquí tiene. ¿Puedo preguntar que le pasó en la nariz?
- Los gajes del oficio. Verá, soy tachero- (Taxista).
- Me encantaría oír lo que tiene para contar. Espere, me sirvo un trago yo también.- Cuando me disponía a dar el primer sorbo, vi que Brem y sus amigas entraban por la puerta. Estaban de regreso.- Oh, aquí vienen las chicas de nuevo. Sin rencores, muchachas, sin rencores.- Brem me sonrió, al igual que sus amigas. Entonces supe que había encontrado al cuerpo de seguridad que necesitaba para mi bar.

- ¿Cómo fue que termino con un parche en la nariz, ehmm…?- Pregunté nuevamente dirigiéndome al taxista.
- Roy. Dígame, Roy.
- Curioso apodo, no lo olvidaré, Roy. Bueno, pues cuénteme…

 Y Roy con su vaso de cerveza en la mano me lo contó todo, pero esa es otra historia. El resto de la noche nos la pasamos conversando de lo bien que se veía Brem en el escenario y de como ella y sus dos amigas le habían dado una paliza a cuatro jovencitos. Con Brem no te metas. Pero si acaso te animas, prueba a romper el hielo con un vaso de whiskola (whisky con coca cola y dos hielos no demasiado grandes). Ven a conocerla. La encontraras los sábados después de su pelea. Muy seguramente festejando una victoria por K.O. Claro, en Spektro karaoke restobar.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Nuestra peor canción








 Despierto sudando, tuve un turbio sueño no demasiado largo pero si perturbador. Y es que había un casete reproduciendo una infinita canción. Estaba junto a mí el maldito walkman y no podía yo hacer más que escuchar con mi oído bueno, pues atado pies y manos me hallaba en la oscuridad.
 Los intérpretes aúllan cantos que conozco muy bien, o mejor dicho que en una época conocí muy bien. Estalló el magma del volcán de mis recuerdos. Y todo por esas letras…

 Ahora que escucho nuevamente nuestra canción, me pregunto si fue alguna vez una buena idea haberla grabado. Que queden los recuerdos si nada más queda. “Grabémosla si eso te hace feliz, niñito caprichoso”. ¡Caprichoso! ¡Y Cuánto!
 Me tomó tiempo, pero al final acepté que la culpa fue toda mía. Alguien como yo no merece una segunda vida. Sino ser torturado con el ardiente magma de recuerdos.

 El walkman ni por piedad fingirá quedarse sin baterías. Ni la cinta querrá acabar.
 Y los intérpretes me cantan:

- ¿Es acaso raro sentir que quieres a alguien que acabas de conocer?
- No lo sé, ¿es raro que quiera pasar el resto de mis días contigo?
- Eso es más bien dulce, escápate conmigo. ¿Alguna vez escuchaste esa canción “huyamos de este mundo de horror”?
- Eres tan extravagante…
- Eres tan hermosa. Te amo.
- Eres muy cargoso. Y tonto, y celoso, caprichoso y…

 Cuando la cantante quiso terminar su frase el aparato comenzó a emitir estática, pero es algo que de seguro pasé por alto cuando la grabamos en nuestro estudio virtual. Ahora que presto atención, ahora que te perdí, ahora es cuando puedo escuchar más claramente tu voz al cantar esas líneas, y decías así:

- … vas a arruinarlo todo. Me haces daño cuando no confías en mí. Me haces daño cuando te hablo de mis problemas y lo único que de ti obtengo son reproches. Me estás haciendo mierda. Bloque por bloque voy construyendo mi monumento de amor a ti. A ti que día a día vas martillándolos y no descansarás hasta verlo reducido a escombros.

 Y con escombros me quedé.

 Pudimos haber hecho de esta canción una exitosa balada romántica. Pero soy un monstruo. “Vas a arruinarlo todo…”. Sí, mi amor. Tuya fue siempre la razón. Lo arruiné todo. Pudo ser todo un hit, si este hombre que la escucha hoy, no hubiese sido un niño en aquel entonces. Te amo, y odio al radio hijo de puta que no cesará de sonar.  Empiezo a entender porque me dejaste. Empiezo a llorar. Empiezo a crecer. Y empieza la canción otra vez…

 ¡Entonces, desperté! Todo fue un sueño nada más. ¡Que digo sueño! ¡Si esto fue una pesadilla! ¿A dónde estás, amada mía? Oh, saliste a comprar una botella de vino para el almuerzo…
 Por favor no tardes demasiado en regresar.
                                                                                                                                                    
                                                                                                                                     Por favor no tardes.

viernes, 17 de octubre de 2014

Soy tan fácil de olvidar



Un amor poco convencional yo elegí,
a este cariño que te tengo
le queda chico el mundo entero
no temo a la distancia, me repito
                          y me convenzo.

Nunca la he tocado,
pero extraño su sonrisa;
solía sentirse por las noches
mejor que cualquier caricia

Nunca supe a que huele su cabello
pero en cada noche cambiaba
su color, como obedeciendo
              a la luz que reflejaba.

Nunca dejo de extrañarla,
algún día seremos realidad
los sentimientos duran poco
No sientes miedo al pestañear?




                                                                                Ninguna canción vendrá a salvarme esta vez.



domingo, 12 de octubre de 2014

Ella y La Luna



Una sonrisa tan llena de felicidad
vuelve eternas mis ganas de amar

su mirada tan tierna, lejos te invita a volar
donde las estrellas no lucen tan pequeñas

una linda cabellera muy bien cuidada
inhalando belleza, la noche avanza

su boquita te tienta dejarte marcar
tenerla de cerca, empezar a temblar

una reliquia, una perla, jamás llegarán
a competir con la reina de la preciosidad...





viernes, 3 de octubre de 2014

Sálvate



 Eran las 2:44 am. Y no había novela alguna en mi biblioteca que fuera a consolarme. Me pregunté para qué sirve la vida; si hasta ahora sólo he ganado desilusiones y enfermedades. Oh, un par de buenos amigos, claro. Pero ¿quién no?
 “El amor es lo que da sentido a nuestra vida”, me dijo, casi gritándome, mi pequeño televisor. Fue tan chocante ¡Qué publicidad de mierda! ¿Te imaginas cuanta gente en sus casas siente esas palabras como un clavo al rojo vivo que se les entierra en el pecho?
 El amor está tan sobrevalorado. ¿Por qué no me hacés un comercial contándole a la gente sobre todo aquello que se puede disfrutar de a uno?

 Yo necesitaba una excusa (una muy buena) para no volarme la tapa de los sesos. No, no, no. No seas patético. Estás aburrido, es sólo eso. Necesitas una patada en la boca, un ataque al hígado, o no sé… tal vez, un poco de buena comida. Así de simple.

¡Yo necesitaba una buena excusa! Pues, ya tuve mis patadas, dolores abdominales, y mi buena comida. Salí a caminar…
Si cruzas el puente por el que a diario yo camino sabrás que luego de pasar el río se puede saltar a un costado y no caer a las aguas, sino que ahí abajo te esperan dos barrios bastante miserables (uno a cada lado del puente). Desciende por una de las bajaditas de tierra, por donde se esconden aquellos que a robar se dedican. ¡Eso si que es estar sumergido en un gran aburrimiento! Robar…
 Si alguna vez lo cruzaste, sabes de que puente estoy hablando.

Entre un par de árboles,
que sus ramas inclinan
como para esconderte
de los que de arriba te miran.
Ellos ocultan tú desgracia,
y protegen tu fogata
mientras invocas al genio
¡el demonio de la lámpara!



-¿Para qué sirve la vida? – Le pregunté. Y su risa hizo que me estremeciera. A los pocos segundos, mientras nos mirábamos, como tratando de escrutar los pensamientos el uno del otro, me respondió
- Para nada, deberías entregármela-
- Esperaba que me dieras una razón para no suicidarme y retornar al polvo, mezclándome con el aire y… -
- Esperaste tantas cosas…  -
- En efecto, di tantas cosas y a cambió obtengo porquería, y malos tratos. Ni te cuento de la ingrati… -
- Creí que las viejas histéricas se confesaban en lo que ustedes llaman iglesias, ante un cora-
- Cura- Lo corregí.
- Cura es lo que no tengo al dolor que ahora sientes, pero si un calmante 100% eficaz-
- ¡No te daré mi vida! Y cura es el calvo que da la misa, el hombre de Dios.
- El hombre de nadie…
- Bueno, a veces uno simplemente necesita hablar con alguien.
- Pero yo no puedo salvarte, sólo ofrecerte un calmante permanente.
- Pensé que tú que eres tan viejo tendrías todas las respuestas.
- Pensaste tantas cosas...-
- Tengo un cerebro y me gus…-
- Pensaste mal.

Allí estaba yo cara a cara con el viejo consejero. El que atiende a quien lo llame, sea la hora que sea, el que reiría estruendosamente ante uno de tus comerciales de televisión, el que no necesita de nadie... porque está muerto. Lo miré directo a sus vacíos y perturbadores ojos. Dos huecos, en realidad. Vacíos.

- ¿Es que vos nunca te aburrís?- Pregunté, esforzándome para no sonar temeroso, ni tampoco demasiado irrespetuoso.
- ¿Dejarme aburrir porque nunca me pasa nada interesante? Yo soy muy divertido aquí arriba- Dijo al tiempo que señalaba su cráneo- Diviértete a ti mismo, sálvate.
- ¿Cómo?

Fue entonces cuando el humo emergió de la tierra y tomó la forma de extrañas criaturas. Eran todos aquellos que no pudieron salvarse. Aquellos que no pudieron divertirse a sí mismos. Aquellos que no fueron creativos al hacer uso del tiempo que se les dió.

 Supe que tenía que correr y dándole una ultima mirada al viejo, comencé a mover mis piernas tan rápido como el miedo suele permitirnos en momentos de desesperación, como éste. Tuve miedo, pero descubrí que no hay nada como salir con la frente en alto luego de haber tenido una experiencia amarga, o simplemente mala. Cuanto peor es la vivencia, mejor es la lección. Él viejo sí que sabe como divertirte. Guarda esa estúpida arma en el placard. Mejor visita al viejo. ¡Sálvate!






miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pensando en ti







Tu ausencia me despertó de madrugada, no podía adivinar que me dejarías. Pero algo en mi inconsciente sí que pudo.

 No son vagos los recuerdos del día en que te conocí. Ya en aquellos tiempos, cuando un cachorro tan sólo eras, mis ojos te admiraban y recorrían la inmensidad de tu canino cuerpo, sin poder menos que exclamar; “¡guau! ¡Es precioso!”.
 Soy tan pequeño para esta casa, y soy más pequeño aún para el mundo. Me siento desprotegido y solo sin ti.

¿Fue acaso la alarma de tu reloj biológico?
¿A donde fue que te condujo?
Sabía que te llevaría tarde o temprano. Mucho antes que a mi.
         Siempre te recordaré como un compañero de fierro,
                                                                             invaluable, incalculable es el valor de tu amistad.

 Vos mejor que nadie sabés lo delicada que es mi salud, y como pongo “ante la peor tormenta mi mejor sonrisa siempre” (voy a extrañar escuchar esa y otras canciones junto a vos). ¿Pero por qué aguantar? Las cosas no parecen mejorar realmente…
 Algo en mi interior me mantiene despierto por las noches, y la voz en mi cabeza (que en varias ocasiones te mencioné) no se cansa de repetirme que todo va a mejorar…
                                                                                              Que todo va a estar bien.
 Nos volveremos a ver algún día. Mientras tanto, yo vigilaré el cielo por las noches, y durante cada amanecer. Miro el paisaje y este me sonríe. ¡Todo va a estar bien!
  




miércoles, 27 de agosto de 2014

Tengo Una Flor








Junto a mi cama, y todo un sistema
instalado para que encerrada
en un cristal ella sea
sólo por mi, y nadie más, amada.

Mi habitación es fría,
muy fría en el inverno,
y durante el verano en una hoguera
siento que estoy ardiendo.
Pero a mi flor nada le falta,
todo un sistema tengo yo instalado.

Ella duerme junto a mí
porque es a mí a quien pertenece,
por supuesto, intentaron robarla
más de mil y una veces

Arañas y abejitas se detienen a observarla
colmillos y aguijones: ¡tic tic!
¡se frotan! ¡y amenazan!
Un cristal impenetrable la separa de ti

Ella es única, y adorna
día y noche mi habitación.
Exhíbete con seguridad,
la más bonita; ¡esa sos vos!

Ella junto a mí…
…porque es a mí a quien pertenece.





miércoles, 13 de agosto de 2014

En El Pasillo



Es un tipo gordo y bajito, él vende
                                                    los boletos.
Lo reconocerás fácilmente
 por su amarillo y triste rostro.
Mas su mirada a nadie engaña,
si está tan gordo es por el odio
que almacena en sus entrañas.

El parque está de regreso,
como en cada primavera,
la rueda, el loop, la mini montaña rusa
y por supuesto la clásica feria.
Sus puestos de comida y juegos tramposos
donde gana quien no lo espera.

¿Qué es eso de la esquina?
pregunté para mis adentros,
¿podría ser? Al fin, aunque sospechoso y
espeluznante, en la feria del parque un nuevo
                                                                juego encuentro.
El pasillo del horror, señoras y señores,
los boletos los vende el gordo falto de amores.

Por veintisiete pesos obtuve un par de amigos.

Mi mano mueve el telar que cubre la entrada,
y oculta la podredumbre del piso de madera.
Allí adentro todo es sombras,
¿volver? ¡De ninguna manera!
cinco puertas, dos a cada lado,
la salida al fondo, ¡los horrores que he pasado!

La más próxima está a mi derecha,
y el vacío que hay después de ella
sólo él sabrá explicarlo,
siéntate en el suelo y obedece
                                                      a su ocupante.
Es un monstruo de larga barba azul
e inquietantes ojos blancos.
Su historia es más que larga,
pero una vez que la hayas escuchado,
aclara tu garganta,
pues las preguntas que te harán
revelan todos tus defectos.
Nada como hablar de uno mismo
en el cuarto del respeto,
en la 2da de las puertas frente a un hombre
                                                                       y su libreta


¡Ahora la tercera! ¿Otro personaje?
¡Un zorro parlante vistiendo de etiqueta!
“Me debe usted una lección, amigo,
hable cuanto antes”
¿que tanto has aprendido de ti mismo?
A mi alrededor las paredes no dejaban de moverse,
y el zorro te mira, como ya sabrás, con ojos penetrantes,
y te acerca la moneda que pondrá fin a vuestro viaje.

“Esta monedita cualquier puerta abre,
la de la salida, o a la que aún no entraste,
el paseo es escalofriante, lo sé,
somos seres espeluznantes,
nuestro pasillo es oscuro y maloliente,
aquel que entra teme quedarse aquí
                                                                        para siempre…

…En la habitación 4 responden cualquier pregunta,
¿cómo y cuándo será tu muerte?
¿Cuándo estallarán de nuevo los volcanes
que todos los ríos sequen?

Has hecho mal en entrar aquí, hijo.
Mejor no saber ciertas cosas…
Él nunca lo menciona, ese zorro astuto,
pero en esta habitación murió mi alegría,
a cambio de una verdad,
que ni siquiera me ha servido,
Ahora somos dos los que estamos
a tan solo una moneda de la libertad.


No hay una verdad, y si la hubiera no la tendrían dos tontos en una feria de segunda.



jueves, 7 de agosto de 2014

El puente



Nunca se supo quién o qué lo construyó,
pero un buen día removió lo que por gentileza había creado,
del cielo bajó una piedra envuelta en llamas.

Y al otro día llovió, fuimos a verlo
y de  él sólo quedaban negros trozos
 de esa extraña materia.
Nunca más podremos cruzar
a la aldea del caos.

Mas desde aquel día todo
es tranquilo,
aquí en la aldea del orden.

El equilibrio no nos agrada,
aquí no hay punto medio.
O estás con nosotros
o estás con ellos.

Con los baldes afuera de nuestras casas
aquí en la aldea del orden
dentro de nuestros recipientes
caen todas esas gotas
y ninguna el suelo toca.


Mas desde aquel día
escaseó el agua
allá en la aldea del caos.

El equilibrio no nos agrada,
aquí no hay punto medio
o estás con nosotros
o estás sediento

Desplumaron centenares de aves,
y fabricaron un traje
para cruzar el abismo
¡agitando el plumaje!
danzando sobre el cielo.

Mas desde aquel día
débiles son
las corrientes de aire...

El equilibrio no nos agrada
el punto medio es un abismo.
O eres ordenado
o eres un caos

Talan sus árboles para armar la escalera
que una nuevamente
nuestras dos aldeas

Llegará el día en que lo logren

Por mi parte te diré; he descubierto
que me gusta el caos,
ya no tanto el orden.




sábado, 26 de julio de 2014

Dibujos y Fantasmas



Espectros,
de lugares antiguos.
Espectro,
dejarás el lugar llevándote contigo mi juicio.
Les temo,
¿Por qué a mirarlos a la cara no me animo?
Les temo.

  Chak decide que es una bonita noche para dar un paseo. Lloverá, tal vez, por la madrugada. Pero para entonces ya estará de regreso. Ya debería estar de regreso.

  Eran más de las once y, mientras Chak caminaba por la avenida, podía ver a las nubes agruparse en el cielo y disputar con el viento si era hora o no de limpiar el barrio. Apuró el paso, al cabo de un rato llegó a la rotonda donde el barrio termina para dejar paso al siguiente, y a su izquierda, el puente invitaba a continuar caminando hasta llegar al centro de la ciudad, por sobre un río de turbias aguas aunque en sus días de calma. Él muchacho se dijo que no, que otra vez será. Dio vuelta a la rotonda y mientras emprendía el regreso a casa se preguntó, como siempre que frente a las casas deshabitadas pasaba; ¿quién vivirá allí? Pregunta que lo martirizó toda su infancia y adolescencia. Jamás había visto a alguien entrar o salir de estas.
  Las casas en cuestión eran dos, estaban una al lado de la otra sobre la avenida a unos 200 metros de la rotonda.  Aquella parte del barrio siempre fue siniestra. Su abuelo le había contado que cuando tenía más o menos su edad, la gente solía hablar de un cura sin cabeza yendo y viniendo a lo ancho de la avenida, de vereda a vereda.

A la mierda, entremos.
 Saltó el muro de bloques para caer en un patio baldío no demasiado grande. Había un karting como el que tenía su abuela en el cantero de su casa y que había pertenecido a uno de sus primos.
-No creo que alguien pueda vivir aquí, está lleno de basura. Que raro que no haya cirujas- Se dijo, y pensó, además, que de alguna manera ver las dos casitas, construidas por debajo del nivel de la vereda, en aquel estado tan deplorable  y espeluznante, había alimentado morbosamente su curiosidad. Después de todo no se lo pensó demasiado antes de saltar el muro de uno de los laterales de la casa para entrar a husmear, como tampoco hizo al abrir la puerta trasera que lo llevaría al interior.
Sórdido e inhóspito, así era el ambiente de la primera de las dos casas. Chak dió con una habitación con una mesa ratona antigua, la capa de polvo se veía bastante espesa, y en efecto lo comprobó al pasarle su huesudo dedo. Las sillas alrededor eran de madera con el asiento forrado en cuero de vaca. -Como las que hay en casa de la abuela- Pensó- de seguro era la moda, entre la gente humilde. No, no hay tal cosa como “moda” entre la gente humilde, no que yo recuerde. Uno vive con lo que puede y como puede- Levantó la vista hacía la pared que tenía en frente…
 En esta había pinturas, que no llegaba a ver bien entre tanta oscuridad y la mala iluminación que ofrecían la pequeña ventana sin los cristales por encima de esta. ¿Sin los cristales? Já, era simplemente la escasez de dinero, una vez más, imponiendo su insalubre moda.

 Chak se acercó y culpó a su falta de sueño, al viento por no librar a la luna de la prisión que le suponían las nubes, y a la estúpida “ventana” por la que poco y nada entraba la tenue luz de luna que lograba penetrar las nubes aquella noche de solitaria caminata. Pues, Chak no podía creer lo que veía; las pinturas a medio terminar en la pared eran lo más desagradable que había visto en su vida ¡Y eso que era un joven que disfrutaba con el gore en las películas de terror!
 Gatos mutilados colgados de las patas y personas siendo torturadas de las formas más crueles. Un anciano en silla de ruedas con una enana practicándole sexo oral. O eso fue lo que el muchacho se convenció de que la pequeña personita de largos cabellos era, y no una niñita.
 Pero la más curiosa de las pinturas, al menos de lo que lograba divisar, era un hombre con un largo tapado marrón. Este estaba tendido sobre el suelo con el cuerpo algo contorsionado. A un lado, se veía una mujer con el torso desnudo y alzando un machete…

Se oyó el rechinar de una puerta cercana a la entrada de la casa que daba a la avenida. Entonces, sentirías un escalofrío recorrer tu espina dorsal y abrirías los ojos como un búho si hubieses estado en los zapatos de Chak aquella noche, una noche de solitaria caminata.
 -La curiosidad es una perra- Se decía mientras caminaba hacía el lugar de donde había venido el ruido  
-Tal vez, me tope con uno de esos gatos sin huevos que están pintados en la pared-
Se le dibujó una sonrisa a medias en el rostro, pateo, sin darse cuenta, una piedra que estaba en el suelo, y era bastante redonda. Al tiempo que avanzaba hizo un gran esfuerzo por escuchar algún otro ruido.
–Uno nunca sabe, podría haber un borracho acurrucado con su sarnoso y fiel compañero, como ese tipo gordito de las historietas del diario.-
 Entonces un acojonante sollozo llegó desde adentro de la habitación. Chak vaciló por un momento. Pero las putas dominan la vida de muchos hombres, con su manera de cogerte y demás recursos. Y la curiosidad, puta que trabajaba en el prostíbulo que existía en la metrópolis que era su cerebro, gobernada por la imaginación, era su favorita.
 
 De pie en el marco de la puerta y con un nudo en la garganta, Chak se encontró con una mujer que llevaba el torso desnudo –Cómo en la pintura- pensó. Ella le dijo entre sollozos: -Yo no se que me paso, no quise hacerlo… él me violó- Dejó caer el machete en su mano derecha y mientras se cubría el rostro antes de romper a llorar la mujer se desvaneció entre el polvo.



 La habitación se vió iluminada de repente por las llamas azules de un fuego que se encendió en el suelo, a un rincón de la misma. Y como en una de esas grotescas películas italianas, dejadas de lado por la mayoría debido a sus escenas desagradables e increíblemente realistas, Chak vió entre el celeste humo una secuencia de escenas que nacían desde las llamas y se proyectaban por encima de estas.


>> La mujer estaba mojando los pies en las aguas del río, el pasto y los árboles estaban más altos que nunca. Entonces, un pequeño hombre envuelto en un manto marrón oscuro entró en escena. Portaba un machete que levantó al tiempo que parecía decir algo para llamar la atención de la chica.
 La transmisión, que entre humo y llamas tenía lugar, se cortó…
 Volvió a iniciarse al instante, en una escena muy repulsiva; Ahora la mujer estaba tendida en el suelo semi desnuda y con los ojos vidriosos, a punto de rebalsar. El hombre, con su manta levantada y frunciendo las nalgas en cada envestida, estaba abusando de ella.
 La transmisión de la película volvió a dar un salto inesperado: El hombre parecía terminar por fin. Y tenderse agotado en el suelo junto a la muchacha, sin abandonar jamás su machete. La mujer rodó inesperadamente hacia el otro costado con gran agilidad y desesperación, cuando el viejo logro incorporarse ella ya estaba de pie frente a el con dos grandes piedras en cada mano.

 Chak vió como la película cambiaba de escena por última vez: Ella se colocaba los pantalones y las alpargatas, mientras el viejo se retorcía en el pasto con la cabeza ensangrentada. Ella toma el machete y lo eleva al cielo para dejarlo caer sobre el cuello del degenerado. Falló, el machete se hunde secamente en la espalda de tipo. Pero decide intentar nuevamente y, luego de tomarse unos segundos para apuntar mejor, su brazo desciende con una furia de mil demonios y en ese instante la película de corta…

Chak siente una presencia a sus espaldas ¡Agachate, hombre! Demasiado tarde…
 Ella levanta la cabeza de nuestro ahora decapitado Chak y la coloca en un estante. Es sólo una más para su colección.

jueves, 10 de julio de 2014

Encontrarte



Perderse para volver a encontrarse,
         pero mejor aún si me pierdo para encontrarte.

Es sólo un paseo más- me dije- un paseo más ¿nada del otro mundo?
   Todo del otro mundo.



 Cuando me pierdo en mis pensamientos, y miro al cielo; siempre y cuando sea un cielo melancólico, de esos que tanto llaman de tus ojos su atención… Un cielo de otoño.

Cuando me pierdo en mis pensamientos, y miro al cielo, me pregunto como se verá el tuyo.
¿Adornará tu mundo y tu realidad un cielo de porquería? O ¿adornará tu mundo, tan tuyo como  mía es esta tierra, un cielo de maravilla?
¿Se reflejará en tu brazalete, hecho a medida, desde luego, un cielo de fuego que brille en sus perlas ferozmente? O acaso ¿en él reflejado se ve un cielo de tormenta?

Cuando me pierdo en mis pensamientos y levanto la mirada, a menudo en un cielo de fantasía te encuentro.


Cuando tengo que perderme para encontrarte… yo elijo mirar al cielo.

jueves, 26 de junio de 2014

El Libro


Este no es lugar para ti,
¿Cómo te atreves?

 Me cansé de la ciudad. No, me cansé de las personas. No, me cané de mi mismo. Tomé la llave más antigua, esa es la correcta (presta atención) y tras leer el pasaje correspondiente la puerta secreta se reveló. Calcé la llave y cegado por los magníficos colores me adentré en “la habitación alternativa”

>>Si fabricas tu mismo el libro, cuida de llevarlo todo al pie de la letra. La llave, ya lo sabés, si, ¿prestaste atención?  La más antigua que tengas en tu casa.<<

El lugar era desolado, sin vida. Pero el cielo no era gris. Era más bien amarillo, como salido de un sueño enfermizo. Tomé el camino de tierra,  el único. De haber ido por el césped, horrible hubiese sido la mueca en mi rostro luego de pasar la colina, pues no dejaba verlos…
Los cuerpos, con la carne amarilla, luchaban para salir de los huecos. A caminar conmigo. Acompañarme en mi paseo.

>>Toma un block de hojas de papel en blanco, cóselos con nailon a una tapa de cuero. Guárdalo en un lugar seguro y jamás hasta dentro de 11 años lo vuelvas a tocar.
Cuero de Gato: la dimensión solitaria. Cuero de serpiente: Laberintos en túneles.<<

Yo me sentía seguro, la habitación alternativa nunca deja de sorprenderte. Y ellos nunca podrían salir. Estaban demasiado débiles. Pobres condenados.
Sin embargo, El guardián de la puerta siempre viene detrás. No pierde detalle.

>>¿11 años han pasado? Bien, saca el libro, ha de tener amarillas sus hojas. Córtate la palma de la mano apóyala sobre la primera hoja. El papel absorberá tu sangre y escribirá con ella el pasaje secreto. Léelo en voz alta…<<

El no parece descansar, somos muchos los que visitamos estos lugares. Mas no tantos como en las dimensiones cuero de rata. Los gatos no son mis animales favoritos, no tuve inconvenientes en matar uno. Y Aunque me cause mucha curiosidad, no podría fabricar el de cuero de perro. Según dicen esas dimensiones son las más placenteras. Tal vez tú no tengas reparos en hacerlo, cuéntame que tal, ¿si?
El guardián me vigila, yo miró el paisaje, los condenados me recuerdan que mi vida no es tan mala.  Sigo el sendero, estos lugares parecen inmensos, a los lados el césped se extiende hasta el infinito.

>>La puerta se revela en un espacio vació de tu habitación. Calza la llave, la más antigua. Y no olvides llevarla contigo. Ahora estarás por tu propia cuenta<<




Había caminado por casi una hora, según mi reloj de bolsillo. Supongo que el cambio de dimensión no lo altera, esto no es una película. La puerta de salida, que me llevaría de regreso a mi habitación ya se dejaba ver. A unos 50 metros.  Pero una vez más las colinas ocultaron los huecos con putrefactos condenados.
  Este hueco estaba en el sendero, no a los lados donde estaba el césped. Miré sobre mi hombro y él me miró burlonamente, ahora estaba un poco más cerca. Pude ver su media sonrisa. La consigna era clara.

>>11 Dimensiones, más nunca caminos iguales. 1 prueba diferente cada vez, lucharás con tu vida para ganar tu premio<<

Este tipo de cosas me hacen sentir vivo.
Todo lo demás; el trabajo, las fiestas, incluso las mujeres, me aburren. La gente, yo mismo…

Ellos me clavan sus encías con agujeros llenos de pus donde alguna vez hubo dientes.
Aferran sus amarillos brazos a mi ropa. Intentan arrastrarme.
Son débiles, pero el miedo siempre está. Al igual que el guardián de la puerta, que de arriba me miraba con sus negras y polvorientas vestimentas, su capucha que oculta lo inquietante de sus ojos, recuerdo que en cierta ocasión estuvo lo bastante cerca para vérselos, pero créeme que estás mejor sin conocerlos… su bolso de premios al hombro.
La lucha no fue nada fácil, estos juegos no son fáciles, pero tampoco imposibles. Estoy arañado y manchado de carne en descomposición ¿Ellos? Les abrí el estómago, a algunos sólo les apreté el cuello. De mi nariz descienden hilos escarlatas mientras subo los escalones de tierra que me llevarán de vuelta al senderó y a la 
salida.

“Esto sí es sentirse vivo”, me dije a mi mismo, con el rostro hinchado por los cabezazos.
Aquí hay alguien que les hizo frente, putrefactos…
                                                                                                                      …Estoy vivo.

>>Luego de pasar la prueba, si es que lo consigues, él guardián hurgará en su bolso y te obsequiará con un nuevo libro. No, no creo que te dé el de perro. Le gusta que te vuelvas un adicto y lo consigas por tus propios medios.
                                                            …Placeres inimaginables esperan por ti.<<


domingo, 15 de junio de 2014

Viajo de Noche



Viajo de noche, nunca de día
Huelo tu sangre, ¡cubre tu herida!
Romperás a llorar si te acontece encontrarte
gritando, muriendo, entre mis fauces.


>> Despierto desnudo, no sé lo que pasó la noche anterior.
 Al tiempo que me incorporo noto un par de huesos en el piso. También el ruido de las piedras siendo arrastradas corriente abajo.

¿Cómo es que en la fría orilla de estas turbias aguas vengo yo a despertar?

 Ale y Kevin habían ido de pesca un sábado después del almuerzo. Fueron al Río Grande, que a diario ven los vecinos de Chijra, mientras el puente Otero van cruzando.
 Es sabido y contado por los más viejos que no querrás ni por un segundo distraerte para al siguiente verte rodeado de sus casi siempre marrones aguas. Te atrapa. Te lleva. Nadie verá nada.
 En efecto, el río creció y los atrapó en un montículo de tierra. La pesca estuvo genial aquel día, y cuando esto es así; las horas vuelan.

>> Sentí un extraño sabor en mi boca y extrañas contracciones en mi estómago. Me incliné para mojar mi cara en las turbias aguas.
 Mientras refresco mis mejillas y froto las manos sobre mis ojos, vuelven a mi, como las luces de un estadio que rápidamente se encienden una tras la otra, imágenes horribles de una pesadilla la noche anterior soñada.

 Los dos niños gritan desesperados pidiendo ayuda pero nadie te escuchará  a tan alejada distancia y nadie te vería entre tanta oscuridad, aún cuando la luna alumbrara espléndida como en aquella noche. Redonda e inmensa.

Sólo un animal advertiría tu presencia. Guiado por su olfato e influenciado por lo más bonito de la noche:

Oh, luna, tu redondez rozaba lo perfecto en aquel anochecer ¡Si la hubieses visto!

Kevin se preguntó si a la edad de 11 años darían sus brazos y piernas batalla a la corriente y le permitirían llegar del otro lado. Ale con tan sólo 9, ni a preguntárselo se atrevió.
 Entonces, escuchó un ¡splash! Y al voltearse pudo ver a Kevin dando lo mejor de sí y después de mucho alentarlo, llegar del otro lado para tenderse exhausto sobre las piedras.
Fue cuando sin previo aviso, saltó sobre su rostro.
 ¿Qué fue más fuerte? ¿Los gritos de Kevin o el “Grrr” de la bestia mientras apretaba las mandíbulas y hundía los colmillos hasta incrustarse en los pómulos del niño. ¡Y sacudir, y sacudir la cabeza con furia!
 Con el rostro colgando y jadeando, Kevin logró ver a duras penas la figura de un lobo enorme, cuando  este lo soltó para incorporarse sobre sus patas traseras.
 Ale por su parte gritó; “No, por favor” y sus ojitos rebalsaron de lágrimas mientras veía a la criatura morder el cuello de su amigo y de un tirón romperlo y separarle la cabeza del cuerpo.








El animal volteó su mirada hacia Ale...
El muchacho nunca antes había visto semejante criatura ni lo volvería a hacer. Saltó a las aguas dejando su vida a la suerte.
La corriente con toda su turbulencia, no era ni de cerca tan aterradora como… aquello.


>> Pensé que lo mejor sería volver a casa lo antes posible. Me alegré al ver que no todo estaba tan mal, pues encontré un pequeño pantalón deportivo a punto de ser arrastrado por el río. No eran de mi talla. Con algo de esfuerzo logré estirarlos y que se acomodaran a mis caderas. Al menos no volvería a casa desnudo. Había también manchas de sangre tiñendo las piedras y los caracoles, esto me perturbó bastante.

¿Qué mierda me había pasado? No lo sé. Pero de cuando en cuando despierto lejos de casa, al amanecer y entre arbustos. Todo mi cuerpo lastimado. A veces mordido.


jueves, 12 de junio de 2014

Un Viejo Tesoro



Un viejo tesoro guardado en mi almohada.
Recuerdos derramados durante mis sueños.
Derramo mis recuerdos sobre mi almohada
Sobre mi almohada ahora rebalsan,
Historias jamás contadas
.



Al despertar, descubrí que había llorado sobre mi almohada. Tan mojada estaba que pensé, durante varios segundos, si sería yo capaz de volver a derramar lágrima alguna en lo que me queda de vida.
¿Cómo sabes tú que no has vivido ya la mitad de los años que estás destinado a gozar sobre tierra? O incluso más.
Más algodón hubiese deseado yo en mi almohada. Pues, el poco que le quedaba no había sido suficiente para proteger tu carta.
Tal vez guardada allí me permitiera sincronizar nuestros sueños. Soñar lo mismo que tú y tú lo mismo que yo.
La rescate como pude, de tan agria humedad
                        

                          y salí al patio.
Que al cielo tiene por techo.
Sobre mi viejo tronco, sostenido por bloques
y haciendo las veces de silla
              me hallaba sentado,
¿Jamás volveré a llorar? Ahora sigamos,
mi vieja carta-consuelo, el sol esperando.