miércoles, 15 de abril de 2015

La Tele (I)



>> Algunos creen que guardar cosas viejas atrae la mala suerte, pero como dice una de mis canciones favoritas: “trae mala suerte ser supersticioso.”

De hecho, me gusta mucho mi antiguo televisor. La mayoría no entiende que es su valor sentimental lo que me impide arrojarlo a la basura.
 Por otro lado, servía de maravilla, hasta cierto día en que un rayo lo descompuso.
 Ocurrió hace muy poquito tiempo, en una noche de tormenta. Todos en la provincia estábamos hartos ya de la lluvia y los truenos, pues había llovido  todo el verano. Y con tanta agua cayendo sin tregua ni piedad, sólo nos quedaba encerrarnos en nuestros hogares y mirar televisión. Uno nunca cree que le va a pasar, y menos a último momento.
 Me hallaba en mi habitación, recostado sobre mi cama de plaza y media comiendo unas Rex de jamón (mis preferidas) cuando el muy hijo de puta descendió de los cielos con la furia de un demonio…
 Desde entonces, cuando sea que lo enciendo (y a veces sin que lo encienda, como obedeciendo a caprichos sobrenaturales e inexplicables) el televisor transmite extrañas imágenes ¡y ni hablar de los ruidos! Al tiempo que una voz distorsionada comienza a hablar sobre temas misceláneos, mientras uno, a solas en su habitación, se acurruca entre sábanas y escucha, temblando, la inoportuna lección. ¿Escapar? Ojalá mis piernas obedecieran pero es inútil una vez que empieza a hablarte.
 Un alma en pena, que en forma de rayo, descendió a esta tierra.






 “¡Ah! Veo gustas de leer historias de terror.  ¿Quieres que te enseñe un truco divertido? Lee un cuento, uno no demasiado largo, y que sea después de medianoche. Porque es entonces cuando las películas y cuentos de esta índole no parecen tan absurdos.
 Voltea las páginas y concéntrate sólo en tu lectura, yo me encargaré de remover las paredes a tu alrededor. Te transportaré a esos mundos de los que muchos ríen y jamás darían crédito de su existencia.
 Si… ¿sientes cómo se vacía de a poco tu habitación? ¡No! No levantes la mirada. Sigue leyendo. ¡Ah! El Wendigo. Todo un clásico. Bien, nos hayamos en sus bosques. Tú tranquilo, no hagas caso del olor.   Si sientes que se te queman los pies, tan sólo cierras el libro y todo acabará. Pero por ahora continua.
 Termina el cuento.
 Deja el libro bajo tu almohada y procura descansar.
 El cielo se ve muy bonito, ¿verdad? ¿Te gustan esos árboles? Oh, veo que tienes frío, no estás acostumbrado al clima de esta región tan alejada…
 Cierra los ojos, no mires a tus costados. ¡Y no hagas caso de ese olor! Cierra los ojos. Eso es. Él se meterá en tus sueños en unos momentos. No tengas miedo, casi nunca muere alguien haciendo esto. Ten una hermosa pesadilla.”


 “…dicen que guardar cosas viejas atrae la mala suerte…”


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