miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pensando en ti







Tu ausencia me despertó de madrugada, no podía adivinar que me dejarías. Pero algo en mi inconsciente sí que pudo.

 No son vagos los recuerdos del día en que te conocí. Ya en aquellos tiempos, cuando un cachorro tan sólo eras, mis ojos te admiraban y recorrían la inmensidad de tu canino cuerpo, sin poder menos que exclamar; “¡guau! ¡Es precioso!”.
 Soy tan pequeño para esta casa, y soy más pequeño aún para el mundo. Me siento desprotegido y solo sin ti.

¿Fue acaso la alarma de tu reloj biológico?
¿A donde fue que te condujo?
Sabía que te llevaría tarde o temprano. Mucho antes que a mi.
         Siempre te recordaré como un compañero de fierro,
                                                                             invaluable, incalculable es el valor de tu amistad.

 Vos mejor que nadie sabés lo delicada que es mi salud, y como pongo “ante la peor tormenta mi mejor sonrisa siempre” (voy a extrañar escuchar esa y otras canciones junto a vos). ¿Pero por qué aguantar? Las cosas no parecen mejorar realmente…
 Algo en mi interior me mantiene despierto por las noches, y la voz en mi cabeza (que en varias ocasiones te mencioné) no se cansa de repetirme que todo va a mejorar…
                                                                                              Que todo va a estar bien.
 Nos volveremos a ver algún día. Mientras tanto, yo vigilaré el cielo por las noches, y durante cada amanecer. Miro el paisaje y este me sonríe. ¡Todo va a estar bien!
  




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