Eran las 2:44 am. Y
no había novela alguna en mi biblioteca que fuera a consolarme. Me pregunté
para qué sirve la vida; si hasta ahora sólo he ganado desilusiones y
enfermedades. Oh, un par de buenos amigos, claro. Pero ¿quién no?
“El amor es lo que da sentido a nuestra
vida”, me dijo, casi gritándome, mi pequeño televisor. Fue tan chocante ¡Qué
publicidad de mierda! ¿Te imaginas cuanta gente en sus casas siente esas
palabras como un clavo al rojo vivo que se les entierra en el pecho?
El amor está tan sobrevalorado. ¿Por qué no me hacés un comercial contándole a la gente sobre todo aquello que se puede disfrutar de a uno?
Yo necesitaba una excusa (una muy buena) para no volarme la tapa de los sesos. No, no, no. No seas patético. Estás aburrido, es sólo eso. Necesitas una patada en la boca, un ataque al hígado, o no sé… tal vez, un poco de buena comida. Así de simple.
¡Yo necesitaba una buena excusa! Pues, ya tuve mis patadas, dolores abdominales, y mi buena comida. Salí a caminar…
El amor está tan sobrevalorado. ¿Por qué no me hacés un comercial contándole a la gente sobre todo aquello que se puede disfrutar de a uno?
Yo necesitaba una excusa (una muy buena) para no volarme la tapa de los sesos. No, no, no. No seas patético. Estás aburrido, es sólo eso. Necesitas una patada en la boca, un ataque al hígado, o no sé… tal vez, un poco de buena comida. Así de simple.
¡Yo necesitaba una buena excusa! Pues, ya tuve mis patadas, dolores abdominales, y mi buena comida. Salí a caminar…
Si cruzas el puente por el que a diario yo camino sabrás que
luego de pasar el río se puede saltar a un costado y no caer a las aguas, sino
que ahí abajo te esperan dos barrios bastante miserables (uno a cada lado del
puente). Desciende por una de las bajaditas de tierra, por donde se esconden
aquellos que a robar se dedican. ¡Eso si que es estar sumergido en un gran
aburrimiento! Robar…
Si alguna vez lo cruzaste, sabes de que puente estoy hablando.
Si alguna vez lo cruzaste, sabes de que puente estoy hablando.
Entre un par de árboles,
que sus ramas inclinan
como para esconderte
de los que de arriba te miran.
Ellos ocultan tú desgracia,
y protegen tu fogata
mientras invocas al genio
¡el demonio de la lámpara!
-¿Para qué sirve la vida? – Le pregunté. Y su risa hizo que
me estremeciera. A los pocos segundos, mientras nos mirábamos, como tratando de
escrutar los pensamientos el uno del otro, me respondió
- Para nada, deberías entregármela-
- Esperaba que me dieras una razón para no suicidarme y retornar al polvo, mezclándome con el aire y… -
- Esperaste tantas cosas… -
- En efecto, di tantas cosas y a cambió obtengo porquería, y malos tratos. Ni te cuento de la ingrati… -
- Creí que las viejas histéricas se confesaban en lo que ustedes llaman iglesias, ante un cora-
- Cura- Lo corregí.
- Cura es lo que no tengo al dolor que ahora sientes, pero si un calmante 100% eficaz-
- ¡No te daré mi vida! Y cura es el calvo que da la misa, el hombre de Dios.
- El hombre de nadie…
- Bueno, a veces uno simplemente necesita hablar con alguien.
- Pero yo no puedo salvarte, sólo ofrecerte un calmante permanente.
- Pensé que tú que eres tan viejo tendrías todas las respuestas.
- Pensaste tantas cosas...-
- Tengo un cerebro y me gus…-
- Pensaste mal.
Allí estaba yo cara a cara con el viejo consejero. El que atiende a quien lo llame, sea la hora que sea, el que reiría estruendosamente ante uno de tus comerciales de televisión, el que no necesita de nadie... porque está muerto. Lo miré directo a sus vacíos y perturbadores ojos. Dos huecos, en realidad. Vacíos.
- ¿Es que vos nunca te aburrís?- Pregunté, esforzándome para no sonar temeroso, ni tampoco demasiado irrespetuoso.
- ¿Dejarme aburrir porque nunca me pasa nada interesante? Yo soy muy divertido aquí arriba- Dijo al tiempo que señalaba su cráneo- Diviértete a ti mismo, sálvate.
- ¿Cómo?
- Para nada, deberías entregármela-
- Esperaba que me dieras una razón para no suicidarme y retornar al polvo, mezclándome con el aire y… -
- Esperaste tantas cosas… -
- En efecto, di tantas cosas y a cambió obtengo porquería, y malos tratos. Ni te cuento de la ingrati… -
- Creí que las viejas histéricas se confesaban en lo que ustedes llaman iglesias, ante un cora-
- Cura- Lo corregí.
- Cura es lo que no tengo al dolor que ahora sientes, pero si un calmante 100% eficaz-
- ¡No te daré mi vida! Y cura es el calvo que da la misa, el hombre de Dios.
- El hombre de nadie…
- Bueno, a veces uno simplemente necesita hablar con alguien.
- Pero yo no puedo salvarte, sólo ofrecerte un calmante permanente.
- Pensé que tú que eres tan viejo tendrías todas las respuestas.
- Pensaste tantas cosas...-
- Tengo un cerebro y me gus…-
- Pensaste mal.
Allí estaba yo cara a cara con el viejo consejero. El que atiende a quien lo llame, sea la hora que sea, el que reiría estruendosamente ante uno de tus comerciales de televisión, el que no necesita de nadie... porque está muerto. Lo miré directo a sus vacíos y perturbadores ojos. Dos huecos, en realidad. Vacíos.
- ¿Es que vos nunca te aburrís?- Pregunté, esforzándome para no sonar temeroso, ni tampoco demasiado irrespetuoso.
- ¿Dejarme aburrir porque nunca me pasa nada interesante? Yo soy muy divertido aquí arriba- Dijo al tiempo que señalaba su cráneo- Diviértete a ti mismo, sálvate.
- ¿Cómo?
Fue entonces cuando el humo emergió de la tierra y tomó la
forma de extrañas criaturas. Eran todos aquellos que no pudieron salvarse.
Aquellos que no pudieron divertirse a sí mismos. Aquellos que no fueron
creativos al hacer uso del tiempo que se les dió.
Supe que tenía que correr y dándole una ultima mirada al viejo, comencé a mover mis piernas tan rápido como el miedo suele permitirnos en momentos de desesperación, como éste. Tuve miedo, pero descubrí que no hay nada como salir con la frente en alto luego de haber tenido una experiencia amarga, o simplemente mala. Cuanto peor es la vivencia, mejor es la lección. Él viejo sí que sabe como divertirte. Guarda esa estúpida arma en el placard. Mejor visita al viejo. ¡Sálvate!
Supe que tenía que correr y dándole una ultima mirada al viejo, comencé a mover mis piernas tan rápido como el miedo suele permitirnos en momentos de desesperación, como éste. Tuve miedo, pero descubrí que no hay nada como salir con la frente en alto luego de haber tenido una experiencia amarga, o simplemente mala. Cuanto peor es la vivencia, mejor es la lección. Él viejo sí que sabe como divertirte. Guarda esa estúpida arma en el placard. Mejor visita al viejo. ¡Sálvate!

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