12:01 a.m. Ludwig entra a spectro, con un pesado andar y la
cabeza colgando entre los hombros. Era el sábado siguiente, exactamente una
semana después de la fiesta que causó estragos.
- Terminó conmigo – Me dijo, tras sentarse a la barra- Y
justo cuando estábamos apunto de cumplir nuestro segundo mes juntos- Hablaba de
la muchacha que había conocido en el bar hace varias semanas.
- Nada que un vaso de vodka no repare- (o empeore pensé, pero era tarde, ya le había ofrecido el trago). Él se apuró a tomarlo entre sus dedos y luego dijo:
- Nada que un vaso de vodka no repare- (o empeore pensé, pero era tarde, ya le había ofrecido el trago). Él se apuró a tomarlo entre sus dedos y luego dijo:
- No, no, no, ¡Escuchá! Que tengo más. El otro día fui al
otorrino, parece que los parlantes que usamos en año nuevo fueron demasiado
para mí. No me acuerdo bien pero hubo un sonido raro que me hizo revolcarme por
el piso del dolor. ¿Vos te acordás que pasó? Es todo muy confuso…-
- Bueno, creo que mezclamos los tragos y vos viste- me apuré a contestar, tenía que cambiarle de tema en seguida.- Lamento mucho lo que te pasó en el oído, che. Ah, y también lo de tu chica.
- ¿Qué le voy a hacer, no? Tengo otro oído funcionando perfectamente- me contestó con un sincero optimismo y luego añadió- Me duele más la perdida de mi novia. Todo el mundo se cansa de mí, ¿sabe? Todas me cambian. Supongo que tengo que aprender a enojarme y ponerlas en su lugar. En el fondo, eso parece gustarles.
- ¿A qué te referís?- interrogué.
- Los hombres con carácter fuerte. Que las ponen en su lugar. Bah, no sé que estoy hablando- Tomó un buen trago luego de bajar la vista y que sus ojos se encontraran con el vaso de vodka.
Pareció recordar que lo tenía entre sus dedos. Yo me limité a escucharlo atentamente, es lo mejor en estos casos. Ludwig continuó:
- Bueno, creo que mezclamos los tragos y vos viste- me apuré a contestar, tenía que cambiarle de tema en seguida.- Lamento mucho lo que te pasó en el oído, che. Ah, y también lo de tu chica.
- ¿Qué le voy a hacer, no? Tengo otro oído funcionando perfectamente- me contestó con un sincero optimismo y luego añadió- Me duele más la perdida de mi novia. Todo el mundo se cansa de mí, ¿sabe? Todas me cambian. Supongo que tengo que aprender a enojarme y ponerlas en su lugar. En el fondo, eso parece gustarles.
- ¿A qué te referís?- interrogué.
- Los hombres con carácter fuerte. Que las ponen en su lugar. Bah, no sé que estoy hablando- Tomó un buen trago luego de bajar la vista y que sus ojos se encontraran con el vaso de vodka.
Pareció recordar que lo tenía entre sus dedos. Yo me limité a escucharlo atentamente, es lo mejor en estos casos. Ludwig continuó:
- Sólo trato de hacer que las cosas funcionen.
- Ludwig, anímate- le dije dándole una palmada en el
hombro y obsequiándole mi mejor sonrisa.- Acordate de la frase de “El tercer
hombre”: “Olvídelo, volverá a
enamorarse…”
- “Pero no quiero, no se da cuenta que no quiero”.- Contestó él imitando la voz de la actriz en la película del mismo nombre. Largué una risa un tanto ahogada. Me sorprendía su optimismo, y me sentía mal por no decirle la verdad acerca de lo de su oído. Pero eso no le haría ningún bien al negocio.
- Me alegra que sepa reírse de sí mismo, aún en un momento como este después de todo lo que le pasó, Ludwig.- lo felicité.
- No me queda otra que reírme. Mi vida es tan perra que no me queda otra que reírme.- Tomó un segundo trago de vodka y prosiguió:- Siempre la misma historia; los celos me ganan y arruino todo con mis quejas… - Terminó su vaso de un rápido trago. Mientras le acercaba la botella para servirle otra medida miré de reojo su rostro. Dos lágrimas escapaban de sus ojos y caían despacito por sus huesudas mejillas.
- “Pero no quiero, no se da cuenta que no quiero”.- Contestó él imitando la voz de la actriz en la película del mismo nombre. Largué una risa un tanto ahogada. Me sorprendía su optimismo, y me sentía mal por no decirle la verdad acerca de lo de su oído. Pero eso no le haría ningún bien al negocio.
- Me alegra que sepa reírse de sí mismo, aún en un momento como este después de todo lo que le pasó, Ludwig.- lo felicité.
- No me queda otra que reírme. Mi vida es tan perra que no me queda otra que reírme.- Tomó un segundo trago de vodka y prosiguió:- Siempre la misma historia; los celos me ganan y arruino todo con mis quejas… - Terminó su vaso de un rápido trago. Mientras le acercaba la botella para servirle otra medida miré de reojo su rostro. Dos lágrimas escapaban de sus ojos y caían despacito por sus huesudas mejillas.
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1:42 a.m. Ludwig se ha marchado ya. Roy, cruza la puerta
de entrada y me pide una cerveza para llevar.
- Cómo no, señor, lo que sea para nuestro gran héroe- le
contesté mientras le alcanzaba la botella de plástico donde vacíe dos botellas
de 1 litro de cerveza, horas antes había contenido gaseosa.
- Bien, entonces, con esta ya voy 4 botellas esta semana
¿verdad?
- Cinco, en realidad, pero esta todo bien, Roy. Si vos
decís cuatro, cuatro son- Le contesté yo.
Verán, Roy sabía lo que en verdad había ocurrido la noche de año nuevo. Él no había tomado Trikhom. Maldita su suerte, pues esa noche el vaso se le había caído mientras bailaba y no había llegado a tomar más que un sorbo. De modo que consumió otras bebidas hasta quedar tirado en el suelo de la borrachera, fue entonces cuando el aullido de ya saben quien lo despertó de un salto.
Verán, Roy sabía lo que en verdad había ocurrido la noche de año nuevo. Él no había tomado Trikhom. Maldita su suerte, pues esa noche el vaso se le había caído mientras bailaba y no había llegado a tomar más que un sorbo. De modo que consumió otras bebidas hasta quedar tirado en el suelo de la borrachera, fue entonces cuando el aullido de ya saben quien lo despertó de un salto.
Lo demás ya se los
he contado, pero lo que no saben es que el muy hijo de su puta madre me estaba
extorsionando; Si yo no quería que la verdad se supiese tenía que darle a
cambio 15 litros de cerveza gratis. “Feliz 2015” había añadido el muy cínico.
Por mi parte accedí, esperando que no decidiera que 15 litros era muy poca cosa
como para callarse semejante secreto. ¡Dios, pero me lleve el diablo por haber
experimentado con mi clientela!
- Hasta el próximo finde, Don- Me dijo luego de recibir la
botella.
- ¿No te quedás?- Le pregunté, extrañado.
- No, hay muchos taxistas degenerados este mes. No quiero que las chicas borrachitas salgan de bailar y terminen subiendo al taxi de uno de esos cerdos.- Me contestó mientras levantaba la botella en señal de despedida. Antes de llegar a la puerta añadió señalando para la mesa donde estaba sentada Brem y donde también estaba Fabri y su banda- Hablando de degenerados, tenga cuidado con aquellos de allá. En navidad terminaron cogiendo en el baño. Era un todos contra Brem. Te lo perdiste por andar tomando tanto.- Y salió a la calle.
- ¿No te quedás?- Le pregunté, extrañado.
- No, hay muchos taxistas degenerados este mes. No quiero que las chicas borrachitas salgan de bailar y terminen subiendo al taxi de uno de esos cerdos.- Me contestó mientras levantaba la botella en señal de despedida. Antes de llegar a la puerta añadió señalando para la mesa donde estaba sentada Brem y donde también estaba Fabri y su banda- Hablando de degenerados, tenga cuidado con aquellos de allá. En navidad terminaron cogiendo en el baño. Era un todos contra Brem. Te lo perdiste por andar tomando tanto.- Y salió a la calle.
1:59am Aliz se reporta al trabajo, con un retraso de una
hora que ni siquiera me importo. Lucía espléndida y las extensiones de su
cabello le restaban varios años.
- Por supuesto que la gente puede aprender un idioma así
de rápido como lo ha hecho usted. Pero no se haga de menos, yo creo que sos muy
inteligente, además de hermosa- Le decía a mi nueva camarera mientras ella se
colocaba el uniforme detrás de la barra.
Aliz había venido
a verme el viernes por la tarde, su encantó me pudo más y decidí darle el
trabajo de inmediato para que empezara al día siguiente. Claro que el hecho de
que vistiera siempre tan elegante y sexy le sumaba muchos puntos.
Ella, como me
contó ese viernes durante la pequeña entrevista, era húngara y había venido al
país para dejar atrás su pasado.
También, porque como todos sabemos no se necesitan muchos papeles para ingresar
a este país tan generoso. ¡Si nos basta y sobra con tu pasaporte, mierda!
- Me ayudó mucho que aquí sean todos tan amables. Tienen
un bonito país y muchos paisajes para ver.- Contestó ella. Su acento cada día
sonaba más natural. Esta chica y su pasado eran todo un misterio.
Seguimos charlando
por un rato en lo que se llenaba el bar. Por otra parte, el tema de
conversación en todas las mesas era el mismo: ¿te acordás que pasó la semana
pasada?
Aliz era muy dada,
y si mi olfato no me fallaba debía de haber sido una señorita escort en su
país. Su seductora mirada, su falta de vergüenza para vestir esas ropas que
mostraban tanto la piel, sus piernas tan firmes, la tranquilidad con la que
recibía los groseros halagos de los pibes en las mesas. Todo esto se me antojaba bastante sospechoso.
Ya me haría un tiempo para investigarla mejor.
- ¡Se nos está acabando el hielo!- Dijo ella sobresaltada.
- Oh, no hay problema. En la estación de servicio al otro lado del puente podemos comprar unas bolsas y así zafamos esta noche. Tomate un taxi hasta ahí. Fijate que sea uno con el baúl grande así metes bastantes bolsas y cuando llegues te ayudo a descargar.- Le contesté. Era muy cruel de mi parte mandarla sola a estas horas de la noche. Pero ella era mi empleada al fin y al cabo. Debía hacerle saber cual es su lugar y que a pesar de que me resultaba una mujer maravillosa; no tendría ningún trato especial, al menos no durante las horas de trabajo. Bastante considerado de mi parte era ya perdonar su tardanza.
- Oh, no hay problema. En la estación de servicio al otro lado del puente podemos comprar unas bolsas y así zafamos esta noche. Tomate un taxi hasta ahí. Fijate que sea uno con el baúl grande así metes bastantes bolsas y cuando llegues te ayudo a descargar.- Le contesté. Era muy cruel de mi parte mandarla sola a estas horas de la noche. Pero ella era mi empleada al fin y al cabo. Debía hacerle saber cual es su lugar y que a pesar de que me resultaba una mujer maravillosa; no tendría ningún trato especial, al menos no durante las horas de trabajo. Bastante considerado de mi parte era ya perdonar su tardanza.
- Está bien, voy a sacar dinero de la caja. Trataré de
volver lo antes posible. No me extrañes, nene.- Aliz tomó un par de billetes de la caja
y salió a la avenida en busca de un taxi.
- De seguro el viaje lo conseguís gratis, nena
traviesa- Dije para mis adentros.



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