domingo, 4 de enero de 2015

La Fiesta de la Víspera de Año Nuevo





 A pesar de que la fiesta estuvo pasada por agua, la bebida “Trikhom”, cuya receta me fue otorgada como premio en uno de mis viajes a ciertos lugares a los que sólo se llega siguiendo las indicaciones del antiguo libro forrado de pieles (ver: “el libro”), cumplió con lo prometido. Verás;  a está receta la empleaban las antiguas civilizaciones aborígenes del norte de mi país cada vez que querían pasárselo en grande.
 Nunca antes me había atrevido a prepararla, así como nunca antes me había atrevido a jugar a la öuija hasta que tuve mi bar y una noche nos juntamos un par de amigos y pasaron cosas siniestras, pero esa es otra historia. Como iba diciendo, nunca antes me había atrevido a preparar “Trikhom” debido a las múltiples advertencias que figuran en el libro antes mencionado. Según éste, el líquido era más que una bebida de alta gradación alcohólica. Mucho más, de hecho, pues ella sacaría a la luz tu verdadero yo: todos saben luego de cierta edad que, contrariamente a todo lo que se dice, es posible mentir estando ebrio. No así cuando se bebe Trikhom.

 La ancestral sustancia líquida te liberaría de toda inhibición y serías por unas horas esclavo de tus más oscuros impulsos.

 Pero ahora, por fin, tenía yo bastantes amigos, sin mencionar los nuevos que llegaron aquella noche; la víspera de año nuevo. Me sentí en la obligación de organizar una gran fiesta e invitar a la gente del vecindario y alrededores, después de todo el negocio había crecido muchísimo superando todas mis expectativas.

 Luego de esparcir invitaciones a lo ancho y largo del barrio, y centro de la ciudad en el taxi de Roy volví al bar a preparar todo para la gran noche. Me abstendré de incluir la lista de ingredientes que se utilizan para la bebida en cuestión, porque dichos ingredientes y lo que hay que hacer para conseguirlos no son algo agradable de oír. Hay cosas que estás mejor sin saber.
 Para las 11p.m. estaba todo listo, tenía mi pen drive rebalsando de “enganchados” como decimos aquí, los globos y serpentinas en aerosol en el depósito, la lluvia de globos instalada, las mesas relucientes como nunca (podré ser un tipo oscuro, pero jamás he de olvidar ser una persona de higiene impecable, olvidarlo sería olvidar a mi querida madre y todo lo bueno que ella me enseño).
 Spektro estaba listo para despedir el año.

 El primero en caer al bar fue Ludwig, que me trajo de regalo un poster de arte digital enmarcado y listo para colgar. Era un simpático perrito en monociclo elevándose por el aire gracias a la ayuda de tres mariposas enormes y de fuerza prodigiosa. Uno de estos días postearé una foto del cuadro.
 Ludwig, además, trajo un cajón de cervezas que bajó del baúl del auto de su padre. En seguida llegó Roy con una gran caja de fuegos artificiales. Brem, fabri, su banda y los demás clientes regulares comenzaron a llegar una hora más tarde.
 Lo curioso de Spektro es que la gran mayoría de clientes suelen llegar solos, es decir, no vienen acompañados por nadie. Y no fue diferente la noche de año nuevo.
 Claro que con el tiempo nos volvimos una familia. ¿Y cómo no? Si Trikhom causó estragos. Su éxito fue tal que por poco no termino en la ruina. Paso ahora a relatar lo sucedido:

 La lluvia de globos se lanzó temprano, justo después del karaoke. Necesité ayuda extra de Brem para atender la barra, porque lo que nadie sabía era que todos y cada uno de los globitos contenía un papel adentro: “Una consumición gratuita”.
 Adivinarás cuál fue esa consumición gratuita. Sí, en efecto, un vaso de Trikhom.  El mundo se nos dio vuelta y la gente comentaba que no se sentían ellos mismos, otros que sus cuerpos parecían obedecer a entidades cósmicas muy antiguas (está bizarreada la dijo Ludwig como era de esperar y todos copiaron la expresión)
.
 El calor se volvió intolerable adentro, de modo que fui a encender el aire acondicionado. Para ello me subí a una silla y después de presionar el botón de encendido, giré sobre mis talones para observar el caos en el que se había convertido mi humilde bar. Desde allí arriba veía como las cabezas de los muchachos que estaban cerca de los parlantes se sacudían con frenesí y las chicas movían sus cabelleras con igual energía. Todo Spektro se deleitaba con poderosos riffs de Iron Maiden, entre otros.
 Más al medio estaban los nuevos, muchos de estos eran personas que jamás había visto por el barrio. Todos estaban por su cuenta, a excepción de un par de chicas que siempre venían de a tres o cuatro. El movimiento en conjunto de todas aquellas cabezas sumado al pogo que hacían algunas de las otras personas me recordó al movimiento de las olas en el mar y comencé a sentirme descompuesto. Tuve que bajarme enseguida de la silla, de hecho, pero justo antes vi a una mujer pálida y de cabellos negros en el centro de la pista. Vestía ropas muy elegantes pero algo ligeras.
 Me acerqué para conocerla mejor.

-“¡Hola, hola hola! Veo que es usted nueva por aquí, señorita- le dije, esbozando una sonrisa de oreja a oreja.
- Hola, ¿Qué tal? Estoy de paso por su bar. Anduve escuchando por ahí que necesitan una camarera. Me llamo Aliz y..
- Oh, pero pos supuesto. Mire, Aliz, venga el próximo Lunes y ahí hablamos de negocios. Ahora disfrute tranquila- La interrumpí yo. Y al momento me pregunté si no había sido demasiado grosero. La mujer era hermosa y tal vez mis ojos me engañaron por el estado en el que me encontraba pero no parecía ser de por aquí, ni de ninguna parte del continente Sudamericano, para serte honesto. Y en efecto, por esos días buscaba alguien para atender las mesas, de modo que no debía perder esta oportunidad. Estiré mi brazo para darle una de mis tarjetitas personales que llevaba siempre en el bolsillo de mi camisa. Así me aseguraría de que ella se ponga en contacto conmigo. Aliz sonrió encantada, como si de verdad necesitara el trabajo, pero tal vez sólo fue la alegría que produce el alcohol (en algunos) luego de varias copas.

 Seguí recorriendo la improvisada pista de baile, habíamos empujado ya todas las mesas contra la pared del fondo y aún así estábamos amontonados. Le pasé la llave de mi habitación a Roy para que guardara allí todas las mesas y sillas que le fueran posibles. ¡Necesitábamos más espacio!
 Más adelante, me encontré con un tipo de gafas cuadradas. Bien peinado y que llevaba puesta una camisa y pantalón de vestir. Estaba transmitiendo en vivo toda la fiesta mediante la pequeña cámara de su tablet, la cual sostenía en la mano izquierda al tiempo que bailaba. Parecía estar transmitiendo en vivo para Youtube.

 A los rincones se podía ver ahora a los muchachos intimando con las chicas. Todos parecían disfrutar de los efectos de Trikhom, que a mi parecer tuvo mucho que ver con que los clientes tuvieran lo que se dice muy buen sexo en las esquinas del bar y por debajo de las mesas. Pues Brem sacaba a patadas a las parejas que intentaban hacerlo en el baño.

 Luego de una hora o más, el cielo (que había estado nublado toda la tarde) comenzó a despejarse con extraña rapidez, y cuando salí a tomar aire me di con que la luna estaba oculta entre una gran nube, la única en todo el firmamento. Pero no tardaría en ser desplazada por el viento y a juzgar por el tamaño del resplandor deduje que tendríamos luna llena. Consulté mi reloj, eran las 3 a.m.
 A lo lejos vi la silueta de un hombre, por la avenida y pasando por el hotel los suspiros, del cuál los vecinos siempre contaron historias siniestras pero recientemente su clientela ha aumentado gracias al éxito de mi bar. Y es que muchos de mis clientes que se conocen aquí terminan compartiendo una cama en el hotel “Los suspiros”. Ubicado en la avenida donde también está Spektro y por donde antaño solía pasear el difunto Chak (ver: “Dibujos y fantasmas”).
 El hombre venía tambaleándose, y de a momentos tenía que agarrarse de las paredes para no caerse. Yo encendí un cigarro y continué observando hasta que estuvo a menos de 10 metros de la puerta del bar. Cruzó la calle que subía por la esquina de espectro y perpendicular a la avenida.
 Ahora que lo tenía más de cerca podía notar la causa de su torpeza al andar; estaba descalzo, tenía los pies lastimados y las uñas parecían estar encarnadas. No llevaba puesto más que una remera hecha girones y un pantalón vaquero que no era de su talla. Además, su rostro tenía el aspecto de alguien a quien le habían dado una golpiza. Finalmente estuvo frente a mí:

- Deme agua ¡por favor!- me suplicó. Su voz era muy curiosa porque parecía lastimosa como los aullidos de un perro abandonado en la calle. Yo corrí adentro en busca de una botella con agua.
- Tome, amigo. ¿Qué mierda le pasó? ¿Se peleó con el diablo?- Bromeé, luego de pasarle la botella con agua. Sin dudas una broma totalmente innecesaria, pero recordemos que estaba yo bajo la influencia de una pequeña medida de Trikhom.
- Gracias. Vengo del río, tal parece que tuve una noche salvaje y desperté ahí tirado entre las piedras. No me acuerdo de nada.- Se lamentó. Yo asentí y lo invité a pasar. Al principio se negó, pero luego de insistir logré convencerlo.

 De vuelta en el bar la gente parecía agotada y demandaba con voz ferviente: “¡Más Trikhom!”. Yo accedí ayudado por Aliz, que mostraba una gran iniciativa al ofrecerse a ayudarme a cargar sus vasos una vez más, preguntándome si no sería ya demasiado para una noche. El barril que unas horas antes había estado lleno de Trikhom fue quedándose sin una gota.
 El joven, Snak, como me dijo que se llamaba el recién llegado, estaba sentado en la barra. Le presté un par de alpargatas y una remera vieja que utilizo para dormir. Decidí no beber más por una hora.
 En eso converse con él un poco y me las arreglé para que se tomara una medida del tan exquisito Trikhom.
 El cambio que esa pequeña medida suscitó en Snak fue colosal. Pasó de ser el muchacho tímido y amedrentado a convertirse en el alma de la fiesta. Sus fuerzas se vieron renovadas con tan sólo un sorbo. Y a los pocos minutos de “secar” el vaso estaba como nuevo.
Fue entonces cuando ocurrió. Snak se subió al escenario a interpretarnos “perro negro” en el karaoke, una canción del mexicano “Tri”. Para sorpresa de todos, o solamente mía, porque la mayoría no estaba en sus cabales y no parecían consientes en realidad de lo que ocurría a su alrededor, Snak resultó ser un cantante estupendo. En las partes instrumentales lanzaba un espontaneo aullido.
 Sólo yo y tal vez la eficiente Aliz notamos lo perturbadores que se oían esos aullidos.
 Afuera la gran nube se alejaba, al fin. La noche de año nuevo se vio bañada por hermosos rayos de luna que iluminaron todo el barrio.
  Pero Snak se quedó duro como una piedra cuando Ludwig abrió una de las ventanas para vomitar y por esta penetró un fugaz rayo de luna.

 “Viajo de noche, nunca de día/ huelo tu sangre, cubre tu herida…”- Comenzó a recitar Snak, de manera inconsciente, frente al micrófono. Nadie se percató sin embargo de la espeluznante expresión que se le dibujó en el rostro. Salvo Aliz y yo, que vimos como Snak abría la boca y extendía sus brazos a los costados al tiempo que le crecían colmillos, y pelos en todo el cuerpo.
 Mi reacción fue buscar a Roy entre los clientes, el tenía siempre su revolver cargado después de aquella noche con los ratas. Pero sólo me encontré con una estúpida muchedumbre que lo único que sabían hacer era aplaudir y esbozar vacías sonrisas a todo aquel que subiera al escenario. ¿En qué había convertido a mi clientela?
 Snak aulló una vez más con tal fuerza que Aliz y yo tuvimos que cubrirnos los oídos. Ludwig que apenas se recuperaba de su mareo hizo lo mismo, al tiempo que se tiraba al suelo y se retorcía del dolor.
 El peludo hombre en el escenario cayó hacia atrás entre los instrumentos musicales. Yo estuve apunto de correr a encerrarme en mi habitación cuando lo vi salir. Era una bestia enorme y su anatomía recordaba a la de un lobo, pero se levantó en dos patas de entre el montón de instrumentos. Medía poco más de un metro ochenta, y esto era al menos 10cm más de lo que medía Snak. El horror me helo la espalda como pocas veces en mi vida.
-¡Pero qué es esa cosa!- Gritó Aliz, horrorisada.
- El hombre lobo del Río Grande…- Dije casi en un susurro, y sin que ella pudiera oírme. Las leyendas eran ciertas después de todo.

 La bestia que unos minutos antes había sido el indefenso Snak lanzó un horrible gruñido al púbico una vez erguido. El aliento se le tornaba azul al contacto con el aire, azul y brillante como el maldito Trikhom.

 De pronto, dos rápidas ráfagas cortaron la oscuridad del bar con una velocidad increíble e hirieron a la bestia cerca del hombro y pecho. Era Roy que había disparado su revolver contra el abominable animal desde una de las esquinas. Había estado tirado en el suelo dormido, vencido por el alcohol, cuando los aullidos lo despertaron, cómo me contó a la semana siguiente.
 Al instante que siguió, la bestia salió corriendo luego de emitir un aullido quejumbroso, y como una gran avalancha de pelos pasó por encima de la muchedumbre que ajena a la realidad todavía bailaba y aplaudía el “espectáculo” luego de ser envestida.
 Snak se perdió en la noche tras cruzar la puerta de spektro. Entonces, fui como un rayo a cerrar con llave ni bien la bestia terminaba de salir, y alcancé a ver como el hombre lobo corría en cuatro patas por el sendero de tierra que está casi al final de la avenida y pasa por detrás del hotel para llegar al río. Pues, el Río Grande separa nuestro vecindario del centro de la ciudad, aunque hoy en día contamos con dos puentes a ambos extremos del barrio, y corre paralelo a la avenida por detrás de la larga hilera de antiguas casas.
 Luego de cerrar me senté en el suelo contra la puerta porque las piernas me temblaban sobremanera.
 Ludwig entraba al baño agarrándose el oído derecho con la mano, parecía sangrarle. Aliz y Roy trataban de calmar a la muchedumbre que me aplaudía. Uno incluso gritó: “¡Wuu! ¡Viva spektro y sus shows!”. “¡Viva!” Se oyó gritar al resto.
 Hasta donde sé, Brem terminó en una pequeña orgía que tuvo lugar en el baño, pero decidí abstenerme de hacerle preguntas indiscretas.
 “Feliz año nuevo”, susurré para mis adentros.

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