Las tres últimas
noches estuvieron muy calurosas. Especiales para “birrear” como les gusta decir
a mis amigos del bar. Ellos jamás se pierden una fin de semana en “Spektro”.
Viernes, Sábados (y Domingos, para los mejores clientes) Spektro abre sus
puertas e invita a los más solitarios y extravagantes personajes a tomarse un
trago en mi humilde mesón. Aquí la diversión jamás tarda en llegar…
Recuerdo inauguramos el bar y a las pocas noches instalamos el karaoke, desde entonces el lugar ha estado bastante lleno. También, recuerdo que esa noche empezaron a llegar más chicas (chicas bonitas, con dinero para gastar, no mochileras que “trabajan” en los semáforos haciendo malabares o escupiendo fuego). A eso de las 11:30 abrí las puertas. Y entre las 12:40 a.m. y las 1 llegó Roy…
Roy maneja un taxi,
lo que aquí llamamos remís. Los taxistas, sabrás bien, siempre tienen anécdotas
con las cuales llenar esas primeras horas de la noche en las que el bar está
vacío y esperamos impacientes a las niñas. Entre jarros de cerveza y nubes de
humo.
Él es un tipo
tranquilo, como fui descubriendo con el correr de los días (cuando no se lo
molesta ¿no somos así todos, acaso?). Sin embargo, esa noche estuvo agitada.
Había un par de niñas
cantando en el escenario. Sus aullidos despertaron a los vecinos,
y al mismo tiempo atrajeron a jóvenes precoces de personalidades estúpidas, muy
irascibles. Más de uno sería menor de edad aquella noche. Mientras escribía el
poema a mi flor (“Tengo una flor”), entraron los muchachos en cuestión. Uno
detrás de otro pasaron por la puerta y sus rostros fueron poniéndose rojos y de
a ratos azules, por efecto de los juegos de luces. Que en realidad, estaban
averiadas y necesitaban un arreglo lo antes posible. En fin, eso le da un toque
característico al lugar… Al igual que sus clientes. Al igual que Roy, que entró
a los pocos minutos con un parche en la nariz y el rostro mojado, no estoy
seguro si era sudor solamente o agua.
Oh, estas chicas. Se
embriagaron muy rápidamente. Y mientras estaban arriba del pequeño escenario
fueron quedándose sin aliento para cantar. Fue entonces cuando comenzaron a
contorsionar sus cuerpos de manera muy provocativa. La cosa se ponía buena. Los
mocosos se ponían inquietos. Roy se sentó en la barra.
¡Mierda, estas chicas! El alcohol las traicionó, o yo que sé. Soy relativamente nuevo en esto de atender un bar. Desde mi punto de vista, el alcohol comenzaba a tomar decisiones por ellas. Se quitaban las remeras y yo ya no pude concentrarme en mi poema. Fue entonces cuando uno de los chicos (que se habían sentado en la mesa mas cercana al escenario, naturalmente) se levantó y estiró la mano para tantear los pechos de una de las niñas. No sé si ella no lo vió venir o se dejó tocar a propósito, quien sabe. Tendríamos que esperar unos años hasta que yo ganase un poco más de cancha (práctica) en el negocio para saber decirte lo que en verdad ocurrió.
¡Mierda, estas chicas! El alcohol las traicionó, o yo que sé. Soy relativamente nuevo en esto de atender un bar. Desde mi punto de vista, el alcohol comenzaba a tomar decisiones por ellas. Se quitaban las remeras y yo ya no pude concentrarme en mi poema. Fue entonces cuando uno de los chicos (que se habían sentado en la mesa mas cercana al escenario, naturalmente) se levantó y estiró la mano para tantear los pechos de una de las niñas. No sé si ella no lo vió venir o se dejó tocar a propósito, quien sabe. Tendríamos que esperar unos años hasta que yo ganase un poco más de cancha (práctica) en el negocio para saber decirte lo que en verdad ocurrió.
Ahora sí que Roy
prestaba atención, pues antes del asalto de esa mano traviesa a las tetas de la
muchacha él no había mirado ni de reojo siquiera al escenario. Pero ahora las
ofendidas niñas insultaban y largaban patadas al “manos traviesas”. Los que
todavía estaban sentados se pusieron de pie como resortes. ¿Quién lo diría?
Ellos se levantaron con toda la intención de calmar las aguas. Pero uno no se
mete con Brem, nuestra campeona femenina de boxeo amateur a todo lo largo y
ancho del norte de Argentina. Si, señor.
Aunque aquella noche
de inauguración ninguno la conocíamos. Ahora ella y sus compañeras son una de nuestras atracciones principales. ¡Si
vieras esas piernas! ¡Esa cintura en acción! Esa carita tan tierna.
Uno, dos. Puñetazos directos y el primer hombre al suelo. Tres, cuatro, paso atrás, cinco seis y los muchachos van apilándose y manchando mi impecable suelo con la sangre de sus labios. Un gancho al hígado al más grandote. ¡Y después un uppercut!
Vuelan un par de
vasos, un par de botellas, el líquido provoca un corto circuito en uno de mis parlantes.
¡La puta madre! Pero este espectáculo lo vale, pensé…
Brem y sus amigas fueron sacando para
afuera a los inconscientes muchachos. Los arrastran de las piernas, como si de
cadáveres se tratase.
-Vuelvan pronto- me
limité a decirles. Sin rencores, todo sea por pasar un rato divertido. Miro a
Roy, entonces nuestros ojos se encuentran:
- Bonita pelea, ¿Eh, amigo?
- De esas que ya no se ven. Deme un vaso de cerveza, por favor.
- Claro, amigo. Aquí tiene. ¿Puedo preguntar que le pasó en la nariz?
- Los gajes del oficio. Verá, soy tachero- (Taxista).
- Me encantaría oír lo que tiene para contar. Espere, me sirvo un trago yo también.- Cuando me disponía a dar el primer sorbo, vi que Brem y sus amigas entraban por la puerta. Estaban de regreso.- Oh, aquí vienen las chicas de nuevo. Sin rencores, muchachas, sin rencores.- Brem me sonrió, al igual que sus amigas. Entonces supe que había encontrado al cuerpo de seguridad que necesitaba para mi bar.
- ¿Cómo fue que termino con un parche en la nariz, ehmm…?- Pregunté nuevamente dirigiéndome al taxista.
- Roy. Dígame, Roy.
- Curioso apodo, no lo olvidaré, Roy. Bueno, pues cuénteme…
Y Roy con su vaso de cerveza en la mano me lo contó todo, pero esa es otra historia. El resto de la noche nos la pasamos conversando de lo bien que se veía Brem en el escenario y de como ella y sus dos amigas le habían dado una paliza a cuatro jovencitos. Con Brem no te metas. Pero si acaso te animas, prueba a romper el hielo con un vaso de whiskola (whisky con coca cola y dos hielos no demasiado grandes). Ven a conocerla. La encontraras los sábados después de su pelea. Muy seguramente festejando una victoria por K.O. Claro, en Spektro karaoke restobar.

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