jueves, 12 de junio de 2014

Len


 En una de sus caminatas por el monte sintió la melodía. Seductora y melancólica. Nada se le parecía y a todo recordaba.

 Ir a explorar los montes que estaban al final del barrio, subiendo la avenida, era divertido. Sobre todo cuando sus amigos habían salido por unos tragos y un poco de música la noche anterior, y no despertarían hasta las 04:00 p.m. o incluso 05:00 p.m.
 Len no era solitario, ese día estaba solo…
 El camino marcado hacia la cima, donde se hallaba una cruz, había sido ignorado. Ignorado para buscar uno nuevo. Uno nuevo que pusiera a prueba tu destreza como escalador, no uno ya marcado y por todos frecuentado.
 Así es que fue a dar con este agujero redondo al pie de aquel monte. Al acercarse, una melodía ,que viajaba en armonía con el viento, logró llegar a sus oídos. Curiosa y ejecutada por un instrumento de viento, aparentemente.

 La misma curiosidad que lo llevó a acercarse al agujero fue la que, con ayuda de la música, lo sedujo y embriagó con el deseo de entrar…
 Se arrastró y al momento siguiente ya estaba metido hasta los pies en el estrecho agujero. Sus ojos empezaron a acostumbrarse a la oscuridad y pronto vió que podría incorporarse, pues la entrada acababa en una especie de cueva con paredes de piedras, como averiguó al tocarlas, buscando dar una ayudita a su sentido del equilibrio.
 La música ahora sí que sonaba mucho más clara y hermosa. “Alguien habrá olvidado un grabador a pilas.” No estaría nada mal llevárselo consigo. Pero ¿dónde estaba?
 Frente a él y a la misma altura que el anterior, es decir a sus pies, vió otro agujero. Este seguramente conduciría al grabador. ¡Si! La música se hacía más fuerte conforme avanzaba arrastrándose hacia el otro lado.
 Una tenue luz alumbraba el piso. La otra “habitación”. Y la melodía; fuerte y seductora, como nunca.
 Ya estaba del otro lado, incorporándose al tiempo que elevaba su cabeza mirando las velas a su alrededor, sobre platillos en partes planas de las paredes de piedra ¿Paredes de piedra? Aquello era irreal…
 Escuchó una risa de mujer a su derecha. En un rincón al cual las velas ya casi consumidas no lograban alumbrar del todo bien. Fría, muy fría y burlona.
 ¿Te atreverías tú a voltear tu rostro hacia aquella figura, oculta entre las sombras, dueña de este tétrico y tan particular agujero oculto entre los montes?
 ¡Corre Len! Lugares como ese nada bueno pueden albergar.
No. Len no era como tú o como yo. Él saciaría su curiosidad.
 Trago saliva y miró a su derecha, casi a sus espaldas, desde una hendidura en la pared comenzó una vez más la melodía…

 Una flauta, pies desnudos y el cabello ocultando la mayor parte del rostro.
   Apoyada sobre la pared, mientras Len aún juntaba el valor para hablar, una voz de mujer dijo:
“Años y años aquí he vivido. Esperando mi maldición sobre otro infortunado ser arrojar. Mas, al fin tú has llegado y a ti mi melodía he de enseñar. Para que seas tú quien cargue con la tarea, horrible por cierto, de tocar y tocar condenado a la soledad y jamás hasta la llegada de un nuevo intruso poder escapar…”

 ¿Len? Tus piernas no responden ya. Ella se acerca. Con sus pies descalzos, y su maldita flauta. Mientras tú, paralizado por el miedo o quien sabe que extraña fuerza sobrenatural, la ves venir hacia ti. Ella emerge de las sombras. Ella Sonríe ¿Está desnuda? ¡Dios mío! Es horrible…

"Condenado a la soledad..."


>>¡Qué hermosa melodía! ¿De donde podrá venir? Me encantaría averiguarlo.

 Marco; entra por el agujero bajo tu propia responsabilidad ¡No dejes que se acerque! Él emergerá de las sombras, te sonreirá… Es horrible ¡No lo dejes acercarse!









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