En una de sus caminatas por el monte sintió la melodía. Seductora y melancólica. Nada se le parecía y a todo recordaba.
Ir a explorar los
montes que estaban al final del barrio, subiendo la avenida, era divertido.
Sobre todo cuando sus amigos habían salido por unos tragos y un poco de música
la noche anterior, y no despertarían hasta las 04:00 p.m. o incluso 05:00 p.m.
Len no era solitario,
ese día estaba solo…
El camino marcado
hacia la cima, donde se hallaba una cruz, había sido ignorado. Ignorado para
buscar uno nuevo. Uno nuevo que pusiera a prueba tu destreza como escalador, no
uno ya marcado y por todos frecuentado.
Así es que fue a dar
con este agujero redondo al pie de aquel monte. Al acercarse, una melodía ,que
viajaba en armonía con el viento, logró llegar a sus oídos. Curiosa y ejecutada
por un instrumento de viento, aparentemente.
La misma curiosidad
que lo llevó a acercarse al agujero fue la que, con ayuda de la música, lo
sedujo y embriagó con el deseo de entrar…
Se arrastró y al momento
siguiente ya estaba metido hasta los pies en el estrecho agujero. Sus ojos
empezaron a acostumbrarse a la oscuridad y pronto vió que podría incorporarse,
pues la entrada acababa en una especie de cueva con paredes de piedras, como
averiguó al tocarlas, buscando dar una ayudita a su sentido del equilibrio.
La música ahora sí
que sonaba mucho más clara y hermosa. “Alguien habrá olvidado un grabador a
pilas.” No estaría nada mal llevárselo consigo. Pero ¿dónde estaba?
Frente a él y a la
misma altura que el anterior, es decir a sus pies, vió otro agujero. Este
seguramente conduciría al grabador. ¡Si! La música se hacía más fuerte conforme
avanzaba arrastrándose hacia el otro lado.
Una tenue luz
alumbraba el piso. La otra “habitación”. Y la melodía; fuerte y seductora, como
nunca.
Ya estaba del otro lado, incorporándose al tiempo que elevaba su cabeza mirando las velas a su alrededor, sobre platillos en partes planas de las paredes de piedra ¿Paredes de piedra? Aquello era irreal…
Ya estaba del otro lado, incorporándose al tiempo que elevaba su cabeza mirando las velas a su alrededor, sobre platillos en partes planas de las paredes de piedra ¿Paredes de piedra? Aquello era irreal…
Escuchó una risa de
mujer a su derecha. En un rincón al cual las velas ya casi consumidas no
lograban alumbrar del todo bien. Fría, muy fría y burlona.
¿Te atreverías tú a
voltear tu rostro hacia aquella figura, oculta entre las sombras, dueña de este
tétrico y tan particular agujero oculto entre los montes?
¡Corre Len! Lugares
como ese nada bueno pueden albergar.
No. Len no era como tú o como yo. Él saciaría su curiosidad.
No. Len no era como tú o como yo. Él saciaría su curiosidad.
Trago saliva y miró a
su derecha, casi a sus espaldas, desde una hendidura en la pared comenzó una
vez más la melodía…
Una flauta, pies
desnudos y el cabello ocultando la mayor parte del rostro.
Apoyada sobre la
pared, mientras Len aún juntaba el valor para hablar, una voz de mujer dijo:
“Años y años aquí he vivido. Esperando mi maldición sobre
otro infortunado ser arrojar. Mas, al fin tú has llegado y a ti mi melodía he
de enseñar. Para que seas tú quien cargue con la tarea, horrible por cierto, de
tocar y tocar condenado a la soledad y jamás hasta la llegada de un nuevo
intruso poder escapar…”
¿Len? Tus piernas no
responden ya. Ella se acerca. Con sus pies descalzos, y su maldita flauta.
Mientras tú, paralizado por el miedo o quien sabe que extraña fuerza
sobrenatural, la ves venir hacia ti. Ella emerge de las sombras. Ella Sonríe
¿Está desnuda? ¡Dios mío! Es horrible…
![]() |
| "Condenado a la soledad..." |
>>¡Qué hermosa melodía! ¿De donde podrá venir? Me encantaría
averiguarlo.
Marco; entra por el
agujero bajo tu propia responsabilidad ¡No dejes que se acerque! Él emergerá de
las sombras, te sonreirá… Es horrible ¡No lo dejes acercarse!

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