domingo, 15 de junio de 2014

Viajo de Noche



Viajo de noche, nunca de día
Huelo tu sangre, ¡cubre tu herida!
Romperás a llorar si te acontece encontrarte
gritando, muriendo, entre mis fauces.


>> Despierto desnudo, no sé lo que pasó la noche anterior.
 Al tiempo que me incorporo noto un par de huesos en el piso. También el ruido de las piedras siendo arrastradas corriente abajo.

¿Cómo es que en la fría orilla de estas turbias aguas vengo yo a despertar?

 Ale y Kevin habían ido de pesca un sábado después del almuerzo. Fueron al Río Grande, que a diario ven los vecinos de Chijra, mientras el puente Otero van cruzando.
 Es sabido y contado por los más viejos que no querrás ni por un segundo distraerte para al siguiente verte rodeado de sus casi siempre marrones aguas. Te atrapa. Te lleva. Nadie verá nada.
 En efecto, el río creció y los atrapó en un montículo de tierra. La pesca estuvo genial aquel día, y cuando esto es así; las horas vuelan.

>> Sentí un extraño sabor en mi boca y extrañas contracciones en mi estómago. Me incliné para mojar mi cara en las turbias aguas.
 Mientras refresco mis mejillas y froto las manos sobre mis ojos, vuelven a mi, como las luces de un estadio que rápidamente se encienden una tras la otra, imágenes horribles de una pesadilla la noche anterior soñada.

 Los dos niños gritan desesperados pidiendo ayuda pero nadie te escuchará  a tan alejada distancia y nadie te vería entre tanta oscuridad, aún cuando la luna alumbrara espléndida como en aquella noche. Redonda e inmensa.

Sólo un animal advertiría tu presencia. Guiado por su olfato e influenciado por lo más bonito de la noche:

Oh, luna, tu redondez rozaba lo perfecto en aquel anochecer ¡Si la hubieses visto!

Kevin se preguntó si a la edad de 11 años darían sus brazos y piernas batalla a la corriente y le permitirían llegar del otro lado. Ale con tan sólo 9, ni a preguntárselo se atrevió.
 Entonces, escuchó un ¡splash! Y al voltearse pudo ver a Kevin dando lo mejor de sí y después de mucho alentarlo, llegar del otro lado para tenderse exhausto sobre las piedras.
Fue cuando sin previo aviso, saltó sobre su rostro.
 ¿Qué fue más fuerte? ¿Los gritos de Kevin o el “Grrr” de la bestia mientras apretaba las mandíbulas y hundía los colmillos hasta incrustarse en los pómulos del niño. ¡Y sacudir, y sacudir la cabeza con furia!
 Con el rostro colgando y jadeando, Kevin logró ver a duras penas la figura de un lobo enorme, cuando  este lo soltó para incorporarse sobre sus patas traseras.
 Ale por su parte gritó; “No, por favor” y sus ojitos rebalsaron de lágrimas mientras veía a la criatura morder el cuello de su amigo y de un tirón romperlo y separarle la cabeza del cuerpo.








El animal volteó su mirada hacia Ale...
El muchacho nunca antes había visto semejante criatura ni lo volvería a hacer. Saltó a las aguas dejando su vida a la suerte.
La corriente con toda su turbulencia, no era ni de cerca tan aterradora como… aquello.


>> Pensé que lo mejor sería volver a casa lo antes posible. Me alegré al ver que no todo estaba tan mal, pues encontré un pequeño pantalón deportivo a punto de ser arrastrado por el río. No eran de mi talla. Con algo de esfuerzo logré estirarlos y que se acomodaran a mis caderas. Al menos no volvería a casa desnudo. Había también manchas de sangre tiñendo las piedras y los caracoles, esto me perturbó bastante.

¿Qué mierda me había pasado? No lo sé. Pero de cuando en cuando despierto lejos de casa, al amanecer y entre arbustos. Todo mi cuerpo lastimado. A veces mordido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario